Reparación epistemológica de la agronomía andalusí

Autor del artículo: Inés Eléxpuru

Fecha de publicación del artículo: 15/04/2019

Año de la publicación: 2019

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El movimiento “Modernidad/Colonialidad” es una línea de pensamiento surgida en América Latina a principios de siglo XX. Está formada por una red de intelectuales, entre los que constan filósofos, teólogos, historiadores y personas pertenecientes a otras disciplinas. Sus trabajos se basan en la postulación de una perspectiva decolonial, centrada en las relaciones de poder que se establecen en 1492, con la conquista de América. Esto implica una racialización presente en la imposición de un sistema económico de signo capitalista, propio de la modernidad europea. “Modernidad/Colonialidad” también tiene en cuenta las postulaciones intelectuales del Poscolonialismo, generalmente dominadas por autores provenientes de las antiguas colonias francesas e inglesas en Asia, Oceanía y Oriente Medio. La actitud poscolonial se manifiesta desde una perspectiva culturalista y etnocéntrica, que tiende a ocultar o minimizar los aportes genuinos de otras culturas.

A diferencia del colonialismo, la “colonialidad” se refiere a la “lógica cultural” del colonialismo, es decir al tipo de herencias coloniales que persisten y se multiplican incluso una vez finalizado el periodo colonialista.

Una de las cuestiones abordadas por este grupo es la llamada colonialidad del saber, que se refiere al modo en que la racionalidad tecno-científica se convierte en un factor decisivo en la generación y expansión del colonialismo europeo, imponiéndose, desde el siglo XVIII, como el único modelo válido de producción de conocimientos, que margina así cualquier otra forma de “epistemes” (tradicionales o ancestrales) generadas en los países colonizados.

A diferencia del colonialismo, la “colonialidad” se refiere a la “lógica cultural” del colonialismo, es decir al tipo de herencias coloniales que persisten y se multiplican incluso una vez finalizado el periodo colonialista.

El sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, uno de los más destacados miembros de M/C, explica así en una entrevista, que, “…la Europa moderna-colonial se nutre de las apropiaciones que hizo de los conocimientos de esas otras civilizaciones, tanto en el plano científico como en el plano filosófico. Los griegos llegan a Europa por vía de los filósofos del islam, la ciencia moderna llega vía Al-Ándalus. Lo que sucede es que luego destruyeron e interiorizaron a las otras culturas”.

Las ciencias técnicas de Oriente

En este sentido, el historiador marroquí de las ciencias técnicas en Oriente, Mohammed El Faïz ( m. 24-01-2017), hace una lúcida reflexión en su libro “Agronomie et agronomes d’Al-Andalus (XI-XIVe S.)” sobre esta cuestión, aunque sin emplear el vocabulario acuñado por este grupo de pensamiento, que en cierto modo ha sido adoptado por algunas corrientes academicistas.

En él, El Faïz plantea cómo los estudiosos de la brillante agronomía andalusí han atribuido a ésta influencias que, automáticamente, han minimizado las orientales, ejemplificadas en la rica agricultura nabatea, primando así la impronta greco latina, como una forma de incidir en la romanidad de la agronomía andalusí, con una clara intención sentimental o ideológica.

Es sabido, entre los estudiosos, que se ha achacado durante años, léase siglos, el genio andalusí en materia agronómica a la influencia de Columela, presentado siempre como geópono “español” de tradición latina, de Cádiz, para más señas. Ello excluía otras fuentes de origen oriental, sin duda más que esta última.

Es indudable que los agrónomos andalusíes estuvieron impregnados de dos clases de influencias: la tradición greco-romana-bizantina y la babilónica.

Los estudiosos de la agronomía andalusí han atribuido a ésta influencias que han minimizado las orientales, ejemplificadas en la agricultura nabatea, primando así la impronta greco latina, como una forma de incidir en la romanidad de la agronomía andalusí, con una clara intención sentimental o ideológica.

La herencia greco-bizantina está representada por la traducción al árabe de dos obras de gran valor: Kitab al filahat al-ard (Tratado de la cultura de las tierras) compilado por Vindânyûniûs Anatolius de Bertyos (Beirut) en el siglo IV, y el Kitab al filaha al-rumiyya (Libro de la agricultura bizantina), atribuido a Qustûs. La babilónica, por el Kitab al filaha al Nabatiyya (Libro de la agricultura nabatea), compilado por un agrónomo babilonio llamado Qûtâmâ (ss. III-IV) y traducido del siriaco al árabe en 902.

La agricultura nabatea

Pocos han tenido sin embargo en cuenta la enorme influencia de la agricultura nabatea existente en región noroccidental de la península arábiga.  Su sistema de cultivo, adaptado a un clima árido y desértico, estuvo notablemente desarrollado, tanto en las cuestiones hidráulicas como productivas. “A menudo”, cita Mohammed El Faïz es su libro, “los autores que han intentado apreciar las fuentes greco latinas de la agronomía arábigo andaluza, lo han hecho en detrimento de las fuentes orientales. Si la “agricultura nabatea” es citada, se intenta confinar su aportación a los ámbitos de la magia y del folklore”.  Cosa por otra parte, comprensible, cuando el propio sociólogo tunecino de los siglos XIV-XV, Ibn Jaldún, se refería a las supersticiones nabateas que había que obviar, para sin embargo aprovechar el resto del gran conocimiento contenido en la agronomía babilónica.

Sin embargo, explica El Faïz, “en relación a la tesis de la romanidad de la agronomía arábigo andaluza, conviene aclarar que todo su edificio reposa sobre la confusión entre el nombre del agrónomo latino Columela y un cierto Yûniûs citado frecuentemente por Ibn Hayyay [el primero de los agrónomos andalusíes]. Esta confusión, que aparece en el catálogo de Michaelis Casiri, es retomada, sin comentario, por J.A Banqueri, J.M. Millas Vallicrosa y por R. Arié. Ha terminado por adquirir una cierta notoriedad con Lucie Bolens, que encuentra a los andalusíes “resueltamente occidentales, aristotélicos y romanizados””.

Y es que la mayoría de los autores han confundido el Yûniûs frecuentemente nombrado por Ibn Hayyay -que presumiblemente no conoció el tratado de agricultura nabatea-, con el nombre del agrónomo latino Junius Moderatus Columela (s.I d.C).

Confusión secular

Como explica El Faïz, la confusión remonta a Casiri, quien tuvo el mérito de descubrir y traducir el manuscrito agrícola de uno de los grandes agrónomos andalusíes, el sevillano del siglo XII Ibn al-Awwam. Ante la gran profusión de nombres extranjeros, afirma El Faïz, Casiri hizo una interpretación de los mismos “que privilegia claramente la filiación directa con los agrónomos latinos clásicos (Caton, Varron, Paladius…). Ante la transcripción árabe de Yûniûs, escribió lo siguiente: Junius (Moderatus Columela Hispanus), sin justificación alguna. El prejuicio nació ahí”.

Su continuador, Banqueri, tratará de justificar la atribución de Yûniûs a Columela, suponiendo que Ibn Hayyay conocía el griego y el latín, cuestión que no fundamentó en absoluto. “La confusión así mantenida atravesó el siglo XIX a pesar de las críticas de V.Rose, que veía en Yûniûs sobre todo una corrupción del nombre el agrónomo oriental (sirio libanés) Vindânyûniûs Anatolius de Bertyos”.

“Lo que es de lamentar no es el comportamiento de los primeros traductores españoles, cuya ignorancia podemos excusar, sino el de los comentadores modernos que continúan a cultivar la duda, a pesar del progreso en la edición de nuevos textos agronómicos, y el impulso en favor de la recuperación de la herencia común de Al-Ándalus”.

Como vimos anteriormente, esta confusión fue perpetuada por Millás Vallicrosa y los autores posteriores que escribieron sobre la agronomía andalusí. Así, la confusión que ha servido para atribuir la romanidad de los autores andalusíes -aun cuando tanto al-Tignari como Ibn al-Awwam se hagan constante eco de la importancia de la agricultura nabatea en sus tratados-, se ha perpetuado durante dos siglos. No será sino la estudiosa María Julia Carabaza quien, en la traducción de la edición árabe crítica del tratado de Ibn Hayyay en 1987, haya demostrado la falsedad de la afirmación Yûniûs-Columela.

Esto demuestra que Ibn Hayyay bebió de las fuentes orientales originales de Beirut o Alejandría y no de la obra latina de Columela.

“Los argumentos desarrollados en nuestras investigaciones pasadas bastan para separar el binomio Yûniûs-Columela y a pronunciar un divorcio que se buscaba desde hace más de dos siglos, pospuesto por razones esencialmente sentimentales, ver ideológicas”, afirma El FaÏz. “…Lo que es de lamentar no es el comportamiento de los primeros traductores españoles, cuya ignorancia podemos excusar, sino el de los comentadores modernos que continúan a cultivar la duda, a pesar del progreso en la edición de nuevos textos agronómicos, y el impulso en favor de la recuperación de la herencia común de al-Ándalus”.