La historia olvidada de Al-Mayriti

Autor del artículo: Javier Bocanegra

Fecha de publicación del artículo: 17/04/2019

Año de la publicación: 2019

Este artículo del periódico El Confidencial ofrece una primera imagen de Maslama Al-Mayriti, renombrado matemático y astrónomo del periodo andalusí y de origen madrileño. Una de las figuras más importantes del antiguo Mayrit. El artículo incluye una entrevista a Daniel Gil-Benumeya, coordinador científico del Centro de Estudios sobre el Madrid Islámico (CEMI).

Un joven con inquietudes y grandes aspiraciones que deja su ciudad natal para emigrar a la gran capital en busca de las oportunidades y estudios que su tierra no le ofrece. Podría ser la trayectoria de cualquier joven hoy en día, camino de Madrid o Barcelona. Pero eso fue lo que hizo Maslama en torno al siglo X, cuando todo se movía en Córdoba y tuvo que dejar Madrid. Nacido en la hoy capital española en el año 950 y conocido como el “primer madrileño ilustre”, abandonó su ciudad, recién fundada por el emir Mohamed I, para instalarse en el gran centro andalusí.

Maslama Al-Mayriti (‘el madrileño’) se convirtió en una figura de reconocido prestigio por sus aportaciones a la ciencia, concretamente en los ámbitos de las matemáticas, la astronomía y la astrología, hasta su fallecimiento en el año 1008, antes de la caída del Califato. Por su labor y su influencia, Maslama es recordado y reivindicado por la comunidad árabe en España.

De este reputado científico, sin embargo, nadie sabe nada a pie de calle. “Es desconocido totalmente”, admite el presidente del Círculo Intercultural Hispano Árabe (Cihar), Abdo Tounsi. “Antes de él no había ningún personaje reconocido de Madrid. Es el primero”, comenta Tounsi, que recalca que “esta historia no es inventada, es la de España”, con un mensaje que parece dirigido a quien reniega de este periodo.

Maslama, estandarte de la ciudad de Madrid, sí era un referente del momento en el mundo de los números. “Uno de sus biógrafos decía que fue el científico más importante de su tiempo en el mundo islámico y en la Europa cristiana, puesto que sus libros se tradujeron al latín muy rápidamente”, explica a El Confidencial el profesor de Estudios Árabes de la Universidad Complutense y coordinador del Centro de Estudios sobre el Madrid IslámicoDaniel Gil-Benumeya.

Él cree que la figura de Al-Mayriti sería comparable a otras más recientes como Severo Ochoa Santiago Ramón y Cajal, “personas de renombre; está a la altura de los premios Nobel de Astrofísica y Matemáticas. Tuvo los reconocimientos de la época”.

Del Madrid que este académico se vio obligado a abandonar poco queda hoy. Entonces, narra Gil-Benumeya, era una localidad “de frontera, pequeña”, “de segunda o tercera categoría”, conocida por su situación estratégica al encontrarse en la confluencia de dos importantes rutas, lo que la convertía en parada habitual de militares. Del centralismo, la masificación y los atascos de la M-30 poco sabía entonces aquel Madrid, centrado en su vocación fronteriza y de refugio espiritual.

“Había una práctica bastante frecuente en la época: el ‘ribat’, una actividad espiritual-militar que hacía la gente de fe. Se iban a pasar una temporada a contribuir a la defensa del territorio islámico y a enseñar la religión, la lengua y el Corán a la gente de la zona”, relata el experto. Madrid atraía a los intelectuales para este cometido, pero, paradójicamente, “no era un centro intelectual”.

Así, la hoy flamante capital veía cómo sus promesas académicas se iban a probar suerte a urbes mayores. “La gente nacida en Madrid con alguna inquietud intelectual fuerte, que quisiera estudiar, tenía que irse. Lo normal era ir primero a Toledo y luego a Córdoba. Pero también, aprovechando la peregrinación a La Meca, algunos iban a ciudades como Damasco, Jerusalén, El Cairo o Bagdad”. Maslama, “que se sepa”, solo se instaló en Córdoba.

El científico fue algo así como el primer embajador de Madrid, un personaje que vinculó la ciudad con el conocimiento. Así lo explica Rafael Martínez, analista del mundo árabe y director de la plataforma madridarabe.es. “Es el primer personaje clave de la historia de Madrid, el primero que promueve el nombre de la ciudad más allá de ser un mero puesto fronterizo”, resalta Martínez, que califica al académico como “uno de los grandes, si no el mayor, científico que ha dado Al-Ándalus”.

¿Por qué nadie sabe quién es?

Gil-Benumeya considera que el desconocimiento de su figura radica en que “la herencia de Al-Ándalus plantea un problema en la identidad española”. “Encaja mal. La nación, lo que aprendemos en el colegio, se ha configurado como heredera de los romanos, de la parte cristiana peninsular de la Edad Media”. Toda la parte de la historia andalusí, explica, “se ha quedado como en una especie de limbo”.

Mientras que en las ciudades andaluzas la herencia es más reconocida, dice, en el caso de Madrid “no hay nada, ni siquiera calles que recuerden algo de Al-Ándalus”.

“La herencia de Al-Ándalus plantea un problema en la identidad española.Encaja mal. La nación, lo que aprendemos en el colegio, se ha configurado como heredera de los romanos, de la parte cristiana peninsular de la Edad Media”.

A un paso de la madrileña avenida Ramón y Cajal, una pequeña plaza recuerda desde 1985 al intelectual… O al menos su nombre, ya que el enclave es identificado como ‘plaza de Maslama’, olvidándose de su apellido. Desde el Cihar, han reclamado desde 2016 que a esta denominación se le añada ‘Al-Mayriti’ por la importancia de su significado: ‘el madrileño’, como le conocían en Córdoba. Este martes, esa petición ha avanzado un paso después de que la Junta del Distrito de Chamartín haya aprobado por mayoría que se eleve la reivindicación a la Junta de Gobierno Municipal, aunque probablemente sea un asunto que aborde el próximo consistorio.

Para el profesor universitario, este reconocimiento es insuficiente. “La plaza no deja de ser una placita que los madrileños no van a ver”. Gil-Benumeya reclama al próximo Ayuntamiento de Madrid que lleve a cabo “una labor mucho más profunda de recuperación del pasado andalusí”, una tarea que, explica, hoy lideran asociaciones y fundaciones privadas.

Fuente: El Confidencial