El Velo, Occidente y la escuela

Autor del artículo: Asma Lamrabet

Fecha de publicación del artículo: 06/12/2007

Año de la publicación: 2007

Jeune iraquienne«En primer lugar, debo reconocer que he dudado mucho antes de aceptar debatir este tema, por la simple razón de que siempre me pareció que, además de cobrar una dimensión despropocionada y simplista, es totalmente contraproducente reducir el debate  intelectual sobre el islam y la mujer a la problemática del velo llamado «islámico».

Sin embargo, cuando se me propuso participar en este debate, por iniciativa del Observatorio de Ética aplicada a la intervención social, en el seminario bajo el lema «Los Otros toman la palabra «, me pareció difícil responder negativamente a esta respetable «invitación al diálogo «.

Desde luego, el tema es complejo. Primero, porque se trata de una cuestión donde se imbrican, más allá de las dinámicas sociopolíticas, la tradición, la religión, la modernidad, la reivindicación identidaria, el derecho a la educacion, las libertades individuales y el desafío de las sociedades multiculturales… Sin embargo, queda evidente que el debate sobre el velo permitió «desvelar» por lo menos dos grandes problemáticas contemporáneas: en Occidente, el problema de la visibilidad del Islam y de ahí, del papel que puede jugar esta religión en las sociedades occidentales, y del lado musulmán, la profunda crisis identitaria y sociopolítica que vive el mundo islámico.

Desde un punto de vista personal, el tema es también complejo, incluso un poco sensible. ¡Mi objetividad se podría poner en cuestión, con razón o sin ella, siendo yo misma mujer que «exhibe» este velo tan problemático! Yo podría responder ubicando la pregunta de otra manera, a saber: ¿cuál será el grado de objetividad de los que estarán escuchando mi discurso?

¿Escucharán mi declaración con objetividad, o lo harán bajo el prisma «deformado» y «subjetivo» de la mirada hacia el Otro, encerrada en sus representaciones estereotipadas y sus eternos prejuicios? ¡Ahí esta todo el desafío de la «deconstruccion» de la visión que tenemos del Otro y de nuestra percepción mutua de la Alteridad!

Es desde esta perspectiva, que da prioridad a la empatía y al acceso desde el interior de la visión del otro, que sería útil, incluso necesario, repasar, aunque brevemente, la terminología, así como algunos datos téologico-históricos del «velo», con el fin de rectificar unos amalgamas semánticos e históricos, y también, para delimitar unas «referencias» dentro de las cuales sería más fácil comprender al Otro y entender sus necesidades y sus emociones.

El velo en la historia

Femme saoudienneHistóricamente, el velo de las mujeres existió antes de la llegada del Islam, pues lo encontramos como prescripción religiosa tanto en el Judaísmo como en el Cristianismo.

Sin embargo, el velo ha tenido un nuevo sentido espiritual y esotérico al principio de la revelación islámica, aunque este sentido fue perdiendo en el camino su razón de ser y acabó reduciéndose a una costumbre totalmente arcaica.

¿Pero en qué términos el Corán, texto sagrado de los musulmanes, habla del velo?

Desde el punto de vista de la filológia el término de «Hijab», muy utilizado actualmente, es incorrecto, ya que en el Corán significa «separación» y no tiene nada que ver con el velo. El Corán habla más bien del ‘Khimar’, palabra árabe que corresponde a un largo pañuelo, o velo, con que las mujeres cubrían sus cabezas tradicionalmente. Es necesario recordar que el término ‘Khimar’ es mencionado una sola vez en todo el Corán.

Sería importante también recordar que el versículo donde se habla del velo fue enunciado en un contexto histórico particular, caracterizado por una terrible opresión a las mujeres. Efectivamente, antes del Islam, las mujeres quedaban repudiadas sin motivo y se encontraban a menudo en situaciones de miseria y de desamparo moral, que les obligaban a escoger entre la esclavitud y la prostitución, o incluso ambas a la vez. Obligadas a prostituirse, para atraer la atención tenían la costumbre de pasear con el pecho descubierto, (con las dos partes de su velo por detrás del cuello), a la imagen de las famosas prostitutas sagradas de Mesopotamia o India…

Es de ahí donde procede la sentencia coránica que invitó a las mujeres que habían escogido abrazar el Islam, a «liberarse» de la esclavitud y de la prostitucion, y «cubrir con sus velos, o khimar, sus pechos desnudos»…

Ahí radica el único «detalle» que será evocado en el Corán en lo que se refiere al uso del velo, mientras que por el resto, el Corán se contentará con dar orientaciones generales que incitan a la «decencia» y a la «moderación» en el aspecto exterior. Utilizo aquí intencionadamente el término «decencia» (y no el de «pudor», que es muy empleado y tiene una connotacion sexual), porque el objetivo espiritual es más bien una invitación a la «dignidad» de la mujer como ser humano ante todo.

Es evidente, pues, que en ningún versículo hay instrucciones claras en cuanto a una manera «precisa» de vestirse o de llevar cualquier tipo estricto de ropa[1]. Esta formulación genérica e imprecisa, pero sutil, alrededor de un cierto «aspecto exterior», demuestra la largueza de la interpretación ofrecida por el mensaje espiritual a las mujeres de cada época, con el fin de darles la posibilidad de conciliar sus convicciones espirituales con el contexto social en el que viven.

El Corán no legisla en absoluto sobre la necesidad de un «uniforme» religioso, que sería estrictamente «islámico», y la primera intención espiritual no fijó normas rígidas que estarían «establecidas» para siempre. Antes más, permitió más bien  «eligir» una «actitud» de respeto y una «ética» de dignidad con relación al cuerpo.

Sería entonces muy reductor analizar el versículo sobre el velo sin tener en cuenta el resto de las orientaciones del mensaje espiritual relativas a las mujeres.

No podemos, pues, apartar el contexto de opresión en el cual vivían las mujeres de la época de la revelación, ni excluir los demás versículos que otorgan a las mujeres derechos y responsabilidades revolucionarios para la época.

El versículo que habla del velo debe ser leído de nuevo junto con los que dan a las mujeres el derecho a la independencia económica, a la herencia, a la elección libre del cónyuge, a la participación social y política.

Mensaje espiritual

Numerosos textos históricos confirman el hecho de que el nuevo mensaje espiritual vino para remover las tradiciones arcaicas del orden patriarcal, y para inaugurar una nueva coyuntura social más favorable a la emancipación de las mujeres. Las primeras mujeres musulmanas que suscribieron la prescripcion del velo y la decencia, lo percieron primero como algo que formaba parte de un mensaje global y profundo de liberación, y como el símbolo de una dignidad feminina reconquistada…

Esta concepción global del espíritu del Corán y el enfoque holístico del mensaje espiritual son importantes, incluso esenciales a la hora de entender el sentido profundo de los versículos relativos al velo y a la conducta moral. El velo no era importante en sí mismo –ya que existía antes del islam-, sino que es el nuevo sentido que cobra, y el contexto en el cual se articula –el de la liberación de las mujeres-,los que son significativos…

Es también muy importante subrayar aquí lo que muchos musulmanes ignoran o olvidan, a saber, que esta recomendación relativa a la decencia no concierne únicamente a las mujeres, ya que otros versículos piden a los hombres el mismo tipo de comportamiento físico y moral.

Desgraciadamente, esta primera intención del mensaje espiritual del Islam es a menudo omitida, incluso ignorada, en detrimiento de una lectura literalista, que va a reducir toda la enseñanza coránica a un sólo emblema: ¡»la obligación para las mujeres de llevar el velo»! Primero, hay que precisar que nunca fue cuestión de obligación, sino más bien de «recomendación».

Saharienne

Este punto es muy importante, porque la confusión mantenida con esos conceptos está en el origen de numerosos amalgamas y prejucios asociados a la imagen de la mujer musulmana.

Una convicción religiosa relacionada con la fe sólo tiene sentido cuando está profundamente consentida y aceptada. Hablar pues de «la obligación islámica» de usar el velo, no es tolerable espiritualmente hablando, porque el Corán es muy claro al respecto: » Ninguna imposición en cuestiones de religión». Es unos de los principios fundamentales obvios del Islam, que está también presente en todas las religiones.

En segundo lugar, reducir todo el mensaje de emancipación del Corán relativo a las mujeres, al único aspecto del velo, es ir en contra de ese mismo mensaje. Y eso lo que pasó exactamente en elcurso de la historia del Islam, ya que a fuerza de obsesionarse con el cuerpo de la mujer, así como con la obligación de la mujer de «disimular» y «tapar» su cuerpo, hemos llegado en el mundo musulmán a dar a este símbolo espiritual una connotacion de opresión y de desprecio hacia las mujeres difícil de reparar…

Por otra parte, es la misma interpretación reductora la que actúa con rigor a través de toda la historia de la humanidad, y que trasciende todas las tradiciones religiosas. Así como sucedió en el Judaísmo y el Cristianismo, la reflexión en el seno del Islam sobre el significado del velo, abrió la vía a interpretaciones múltiples que quedaron intrínsecamente arraigadas en la historia de esas sociedades. Si bien la Kippa que usan los judíos religiosos, significa para los hombres de tradición hébraica una expresión de respeto hacia Dios y la afirmación de la identidad judía, según ciertas interpretaciones de la ley judía, «la mujer pertenece a su marido y debe tener la cabeza cubierta». De hecho, muchas mujeres judías ortodoxas se cubren la cabeza actualmente o llevan una peluca.

En el Cristianismo, San Pablo tuvo una interpretación muy misógina del velo, ya que lo convirtió en el emblema de la opresión de las mujeres, enunciándolo así en su primera epístola a los Corintios (11: 2-16): «El hombre no debe velarse, es la imagen de la gloria de Dios, pero la mujer es la imagen de la gloria del hombre (…). Por eso, la mujer debe cubrirse y poner sobre su cabeza la marca de su dependencia».

En todas las tradiciones religiosas y las civilizaciones, el velo, reducido a su sentido más literalista, el de «ocultar» a la mujer y marginarla, fue el instrumento clave de la sumisión de la mujer en el orden patriarcal. En todas las religiones, el mensaje espiritual inicial, a través de sus distintas interpretaciones humanas y masculinas, ha sido marginado en detrimiento de una lectura patriarcal que queda dominante en todos los sistemas religiosos.

En el mundo indo-paquistaní por ejemplo, la «Purdah», traje que tiene semejanza con el famoso «Burqah» en Afganistán y significa literalmente «pantalla», no tiene sus orígenes en el Islam ¡y habría nacido paradódicamente en esas sociedades fuertemente patriarcales, con el fin de proteger a las mujeres de los conquistadores musulmanes del Rajastán! En cuanto al «Chador» iraní, no corresponde a ninguna obligación musulmana ¡y su filiación remonta a la antigua Persia!

Está pues fuertemente asociado a toda esta herencia ancestral de las tradiciones patriarcales, que el velo en el mundo musulmán, y a través de sus representaciones más diversas, va a perpetuar la expresión de una discriminación contra las mujeres.

Femme marocaineImponer el velo a las mujeres fue una manera tácita de usurparles todos sus derechos adquiridos con la llegada del Islam. El velo se convertió así en un poderoso revelador del deterioro del estatuto jurídico de la mujer en los países islamicos, ya que en nombre de este símbolo, se la recluyó y excluyó del espacio público.

El colonialismo

El colonialismo en tierras del Islam simbolizó un giro desastroso para los pueblos musulmanes, que fueron agredidos en su identidad y vivieron el choque de la modernidad a través la violencia de la colonización. Es lo que algunos pensadares musulmanes nombraron «la injerencia del dominante en el corazón de la intimidad cultural y religiosa del dominado»[2]. Y la intimidad en tierra del Islam siempre ha sido simbolizada por la mujer. En consecuencia, para defender la identidad árabe-musulmana,los pueblos dominados van a enclaustrar a la mujer, ya que pensaban, suponía una muralla segura contra la aculturación y la decadencia de la moral religiosa.

La «cerrazón identidaria» vivida por los musulmánes, ya iniciada por la decadencia de su civilización, ha sido exacerbada por un colonizador que vinO para «civilizar» a las poblaciones indígenas. Las mujeres musulmanas serán a partir de entonces víctimas de una doble hegemonía: la del patriarcado tradicional y la del colonialismo. Este último, en nombre de su «presunta misión civilizadora» ¡va paradójicamente a obsesionarse con la liberación de las mujeres orientales! (como lo descifró claramente Edward Said en su libro de culto «Orientalismo»[3]).

Es justamente bajo este concepto orientalista –que es un estilo occidental de dominación y de autoridad sobre el Oriente colonizado- que se construyó, a través del tiempo y de la historia, la imagen negativa del Otro, y eso, desde ambas partes.

Los musulmanes guardaron la imagen negativa recurrente de un opresor venido para desarraigarles y para amputarles su identidad, mientras que Occidente conservará en sus memorias de Oriente, una visión «despreciativa» del Otro, eternamente diferente, definido como «objeto» que hay que estudiar, que hay que civilizar, que hay que liberar, pero que jamás será igual…

A través de la lectura sexualizada del orientalismo, existe un ineluctable deseo de «desvelar» a la mujer musulmana, que forma parte de un complejo ideológico histórico del Occidente conquistador. Por ejemplo, el 13 de mayo de 1958 en Argel, en la plaza del Gobierno, unas musulmanas se suben a un podio para quemar su velo. Lo que estaba en juego en ese escenario era importante: para las autoridades coloniales, las mujeres argelinas debían dejar de solidarizarse del combate de los suyos. El mostrarse así «desveladas» serviría como herramienta del poder colonial, que trabajaba para que las mujeres accedieran a la emancipación y a la perennidad de la «civilización francesa»[4].

Femme de Kazagistan El escenario de esas mujeres que se «desvelaron» en Argel bajo la ocupación militar francesa, es el de una simbología sintomática del concepto trágico de la liberación de los pueblos bajo una ocupación forzada. Es la misma ideología que legitimó las recientes ocupaciones de Afganistán e Iraq, la que, so pretexto de liberar a los pueblos del despotismo de sus regímenes y del arcaísmo de sus tradiciones, se otorga el derecho moral de ocupar y devastar naciones enteras.

Es pues a través de esta visión ideológica y geopolítica que habría que centrar todo el debate actual sobre el velo, que no nació por casualidad, como se puede apreciar, sino que es el resultado de la acumulación de un «imaginario» articulado en torno a unos eventos históricos particulares. Esta obsesión, tanto del lado occidental, como del musulmán, acerca del velo, se debe percibir y entender según esta perspectiva histórica en la cual la lógica dominante/dominados, es aún de actualidad.

El velo en la escuela

Actualmente, la expresión del velo es múltiple y diversa, y muchas veces contradictoria: desde la expresión religiosa, a la revendicacion política, pasando por la tradition cultural y la revendicacion identitaria. En todo ello hay un lenguaje sociológico que expresa la diferencia entre las mujeres que se someten y las que se afirman a través de su uso. Por eso, no podemos esencializar el propósito y suponer que la opresión es la única explicación, negándonos así a ver todas las demás: las de quienes lo visten por convicción personal y como signo de ruptura con las tradiciones culturales sexistas.

¿Pero, cómo es que el velo, ese pedazo de tela, puede cristalizar tantas pasiones hoy en Occidente y dar lugar a tanta polémica y amalgamas?

Femme du MaliSería interesante recordar la historia del «tratamiento mediatico» de esta cuestión que debutó en Francia y que jugó un papel crucial en la propagación de aquella problemática a nivel internacional. Hubo en efecto una verdadera «construcción mediatica» de un asunto que era inicialmente intra escolar, y que luego alcanzó niveles desproporcionados, impulsando una verdadera histeria colectiva que terminó en el voto de una ley discriminatoria y en la expulsion de un centenar de adolescentes de la escuela.

La islamofobia que reina desde el 11 de septiembre, favoreció en cierto modo la «banalización» de un racismo anti musulmán, que puede explicar cómo solamente tres años después de los atentados del 11 de septiembre, un país como Francia promulgó una ley contra el uso del velo en las escuelas en 2004. Algunos lo han llamado, con razón, la ley del miedo…

Es evidente que sobre un fondo de estigmatización del Islam, de racismo y de un gran malestar social frente a las poblaciones de inmigrantes, cada vez más presentes en Occidente, la cuestión  del velo se ha convertido en «cabeza de turco» ideal de los medios médiatico-políticos. Pero la primera pregunta que podemos plantear frente a esta problemática es la siguiente: ¿puede el velo de una muchacha escolarizada impedir el desarrollo de la vida escolar?

Los argumentos avanzados por los que son favorables a una ley prohibitiva son numerosos, pero podemos citar algunos que surgen a menudo, como la reivindicación religiosa, la voluntad de diferenciarce, el hecho que el velo es antinómico de la laicidad, y finalmente el argumento feminista que afirma que el velo representa por excelencia la desigualdad entre géneros.

En cuanto a la reivindicación religiosa, habría primero que evaluar su característica: toda reivindicación de carácter agresivo, marcada por el proselitismo, no respetuosa de los demás, deber ser proscrita. Excepto estos aspectos negativos, ¿no es acaso sano observar, en el seno de este espacio neutral que es la escuela, cómo conviven todas las identidades: judías, cristianas, musulmanas, ateas, indias, izquierdistas, árabes y demás? ¿No es desde ese punto de vista la escuela el lugar ideal para que se interpelen todas estas identidades, se busquen y compartan con el fin de conocerse mejor y de superar toda cerrazón identitaria de cara al futuro?

La voluntad de diferenciarce de las alumnas con velo sigue la misma lógica que la de todas la demás. ¿En qué podría ser este deseo de diferenciación perjudicial para la escuela? ¿La escuela no es el lugar que debe gestionar neutralmente todas estas diferencias? ¿Qué hacemos entonces con los demás signos de diferenciación de moda en el espacio público escolar, como son las marcas de las prendas, los zapatos, el piercing,los cortes de cabellos: cabeza rapada, pelo rojo o estilo rasta, etc?

La neutralidad de la escuela debería justamente expresarse no por las prohibiciones, sino por el respeto de la diversidad de las convicciones y de las identidades de los individuos. En cuanto al hecho de que el velo en la escuela sea perjudicial para los valores de la laicidad, como ha sido decretado por la ley francesa, es contradictorio una vez más con los principios de base de esta misma laicidad[5], puesto que el principio de la laicidad no implica la represión de la manifestación de las convicciones religiosas dentro del espacio público, sino más bien expresa un proceso de «distanciamiento» del Estado con relación a las creencias religiosas. La laicidad es justamente el «garante» de la libertad de conciencia y es ante todo un principio de libertad: » Nadie puede ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas «, dice el artículo 10 de la Declaración de los Derechos Humanos.

La escuela, conforme a los compromisos europeos, respeta el pluralismo y reconoce a toda persona el derecho de manifestar su religión o convicción individualmente o en colectividad, en público o en privado, por el culto, la educacion, las prácticas y el cumplimiento de los ritos.

El hecho de llevar el velo no atenta pues contra los valores de la laicidad y contra los principios de las democracias modernas, que deben ser respetados. Lo que es en cambio contrario a la cultura democrática es expulsar a alumnas de su escuela bajo el único pretexto de llevar un velo.

El argumento feminista

El argumento feminista avanzado por ciertas feministas radicales, supone, según mi humilde opinión, uno de los argumentos más discordantes en esta supuesta «guerra del velo»[6]. En efecto, la coartada feminista considera que el velo -cual sea la opinión de las mujeres que lo llevan, aunque sea por su plena voluntad- es un símbolo de opresion que ofende la dignidad de todas las mujeres, y por eso consideran que las alumnas que lo usan y se niegan a quitarlo, deben ser excluidas de la escuela.

Generalizar así el propósito, y considerar sumisas a todas las mujeres que lo visten, excluyendo todas las demás motivaciones, se llama despotismo intelectual, ya que niega simplemente al otro el derecho a su «propia imagen», según su propia conciencia… Eso se llama etnocentrismo y deprecio hacia las opciones de todos las demás.

¡Lo que se debe esperar de las feministas, al menos las que están convencidas de los principios democráticos, es que consideren que el derecho de llevar velo es equivalente al de no llevarlo! ¡La ley sobre el velo, votada en Francia, ampliamente legitimada por feministas que predican la defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad de los sexos, es el ejemplo típico de las leyes, donde se imbrican a la vez sexismo y racismo[7]!

El sexismo en esta cuestión es incontestable, ya que la discriminación es flagrante para las chicas musulmanas, visto que los chicos musulmanes, a pesar de sus convicciones, no serán afectados ni por el debate, ni todavía menos por la exclusión de la escuela.

¿Y qué hay de más injusto y más discriminatorio que impedir a las muchachas seguir una escolaridad normal, con el fin de permitirles hacer justamente la buena elección en cuanto a su futuro y a su emancipación personal? ¿Cómo podemos hablar de lucha contra el sexismo mientras que, colmo de ironía, estigmatizamos únicamente a las chicas y nos encargamos de enviarlas de nuevo hacia su medio familiar, colmo, según estas mismas feministas, del patriarcado supremo y el sexismo?!

En cuanto al racismo, es perceptible sutilmente a través de un debate que se dirige ante todo a la comunidad musulmana, compuesta en su mayoría de inmigrantes originarios de los países de Magreb y de África subsahariana, antiguamente colonizados por Francia.

El argumento antisexista de los adeptos de la ley contra el velo, es sólo un instrumento de la construcción de un alteridad discriminatoria. A través de una presunta lucha por la liberación de la mujer musulmana, procuramos «demostrar» que el modelo de emancipación occidental es la sola alternativa posible para una liberación de tipo universal.

Jeune nigérienneEs triste constatar que esta «guerra del velo» es una «estúpida guerra de símbolos», ya que en nombre de las libertades se ataca únicamente este pedazo de tela ¡mientras que todos nosotros estamos sometidos a un sistema económico y social que nos impone su dictadura en nombre de la misma libertad! ¿Y de qué emancipación de la mujer estamos hablando? ¿Deberíamos evaluar esta emancipación únicamente desde el cuerpo de la mujer, su imagen, y sus representaciones exteriores?

La liberación de las mujeres no puede ser impuesta bajo un modelo predefinido único… Al contrario, debe manifestarse en la «libre elección» de la mujer de tener su propio estilo de vida, su modo personal de expresarse, de actuar, de participar, sin que nadie ni nada le imponga principios en el nombre de un universalismo abstracto o de un relativismo discriminatorio.

Haría falta tener el mismo espíritu de respeto frente a todo tipo de elección personal, y aceptar tanto a las mujeres que optan por el percing del ombligo o que se tiñen el pelo de verde, como a las que escogen cubrirse con un velo, porque ahí radica el propio sentido de la libertad.

Victimismo

Lejos de mí está sin embargo la idea de reducir todo el debate a las cuestiones de islamofobia, de racismo o de discriminación, conformándome así con un discurso exclusivamente victimista. No se trata de minimizar el problema que plantea el velo en las escuelas en Europa, y el malestar que puede generar a ciertos profesores preocupados por la gestión de conflictos puntuales en el contexto de la vida escolar. Todo lo contrario. Además de todas las cuestiones evocadas, la responsabilidad de los musulmánes en general -comunidades musulmanas y padres, en particular- es, según mi humilde opinión, de lejos, la más importante, y constituye el principal obstáculo para toda solución equitativa del problema.

Existe, por parte de algunos musulmánes, una actitud desproporcionada en relación a esta cuestión, que consideran «no negociable», del orden de lo «sagrado», con tentativas ocasionales de chantaje inaceptable… Incluso desde el punto de vista estrictamente religioso, el derecho a la educación es prioritario y no es negociable.

¿Efectivemente, cómo explicar o justificar por ejemplo el velo llevado por niñas menores en la escuela? Esas ninas menores están en incapacidad moral de elegir y de optar por ese tipo de decisión, y claramente son víctimas de un entorno familiar que es a su vez víctima de una total incultura.

Este tipo de comportamiento nos da una idea sobre la inmensa ignorancia de los musulmanes en cuanto a su religión, y en cuanto a su cultura. Las comunidades musulmanas imigrantes son, ellas mismas, víctimas del sistema político de donde han nacido y de donde vienen, en los que la religión, a menudo imbricada con la política, siempre ha sido concebida como una cultura de la coacción y de las costumbres patriarcales. La autocratia y el patriarcado son los dos elementos que siguen marcando las sociedades musulmanas e impiden toda tentativa de reforma en nombre de la preservación de la identidad religiosa.

Educados para vivir y pensar el islam, no como un mensaje espiritual libertador, sino como una tradición esencialmente dogmática y ritualista que no deja al creyente ningún espacio de libertad, de elección o de crítica, muchos musulmanes de Occidente, además de desconocer trágicamente la historia de las sociedades en las cuales viven, se esconden detrás de un Islam vivido como una «identitad-muralla».

La escuela y su compromiso instructivo

Ante problemaS como el del velo en la escuela, y con el fin de evitar justamente la propagación de conflictos sociales a largo plazo, habría que saber circunscribir la cuestión solamente al espacio escolar, con el fin de no caer en la mediatización, que en lugar de resolver el problema lo dramatiza.

Hace falta que la escuela sea el lugar donde se realizan compromisos instructivos, y eso no puede hacerse sin el conocimiento recíproco y profundo de la historia del otro, de dónde viene, cómo piensa y a qué aspira… Incluir la historia del otro y su punto de vista es esencial con el fin de hacer de la escuela un lugar privilegiado para el aprendizaje de las reglas de la «coexistencia».

Es pues en la escuela, y en ninguna otra parte, donde hay que preparar a los jóvenes y a las futuras generaciones a vivir dentro del multiculturalismo de hoy y de mañana. Eso sin embargo no se puede hacer sin un trabajo profundo de «deconstruccion» de la desconfianza y el recelo que han caracterizado históricamente las relaciones entre el cristianismo y el Islam. ¡Hace falta que esta dimensión de la alteridad sea fuente de riqueza y de fecunda interculturalidad y no de regresión, con el fin de construir identidades abiertas que van a enriquecerse mutuamente con sus especificidades respectivas!

Y una de las etapas primordiales para alcanzar este objetivo, debería ser la enseñanza del «hecho religioso» y el estudio dela «presentación» de la religión del Otro en los manuales escolares, porque la manera en la que el Otro es representado, juega un papel importante en las mentalidades. Profundizar el estudio de las diferentes culturas religiosas puede contribuir a hacer de la escuela un lugar de debate ético, lo que implica aprender a huir de los estereotipos y de las generalizaciones, aunque sin renunciar a la crítica y a la autocrítica de cada tradición religiosa.

El debate es, como vemos, de una gran complejidad, visto que lo que está en juego es el derecho a la educacion, el derecho a vivir un futuro sereno, el derecho a ser libre y consciente de tus propias elecciones. El problema del velo supera de lejos la problemática de un simple fular. Es desgraciadamente revelador de las nuevas tensiones de nuestro tiempo, del desafío de las sociedades multiculturales, de la confrontación de los valores religiosos y culturales con los valores de la modernidad.

Es revelador de la búsqueda del sentido de la vida en un mundo cada vez más confuso y en pérdida de sus valores. Yo querría aquí, antes de terminar, destacar un elemento muy importante: los debates superficiales sobre el velo sí o el velo no, no deben esconder los verdaderos desafíos que nos esperan a todos. Yo como mujer musulmana no quiero tener que justificarme siempre por lo que soy, por lo que llevo, por lo que pienso… la mujer musulmana no debe ser ese icono cultural siempre vinculado a la sumisión y a un eterno victimismo. Son muchas las mujeres musulmanas que están comprometidas con la lucha contra todas las opresiones, desde el patriarcado hasta el despotismo político… Somos muchas en intentar promover una nueva lectura feminina y reformista del Islam, en intentar iniciar una nueva dinámica de liberación de la mujer desde el interior del mundo islámico… Muchas, comprometidas en trabajar por un mundo mejor donde nuestros hijos puedan vivir en paz…

¿Pero quien nos escucha? Dentro de nuestro mundo islámico somos percibidas como rebeldes y muy occidentalizadas, y en Occidente somos vistas bajo el prisma de los estereotipos, y padecemos así constantemente el juicio de los demás…

Pero a pesar de todas las dificultades que pueden surgir en nuestro camino, no hay otra elección que la que nos dicta nuestra ética humana, es decir, la del respeto mutuo, del diálogo y de las relaciones inter humanas «despasionadas», porque son lo único que nos queda, si queremos superar este período tumultuoso de nuestra historia, ávido de hostilidad y de resentimientos.

  • [1] La tradición profética indica que esta invocación coránica está dirigida a las que llegan a la pubertad.
  • [2] Malek Ibn Nabi.
  • [3] Edward Said, L’orientalisme, preface, le Seuil, 2003.
  • [4] Artículo en francés: «De la ceremonia del desvelo en Algeria hasta ni putas ni sometidas: la instrumentalizacion colonial y neo colonial de la causa de las mujeres’’ Houria Boutelja, IMSI.net.
  • [5] Hay que recordar que el año 1989 durante un primer conflicto, el consejo de Estado frances decretó que el velo islámico como expresión religiosa dentro de una institución escolar no es incompatible con la laicidad.
  • [6] Una minoría de feministas francesas han tenido otra visión en ese problema, como Christine Delphy, Francoise Gaspard, o asociaciones como : «Les sciences potiches se rebellent», «Le collectif des feminists pour l’egalite», «Femmes publiques», ect.
  • [7] Nouvelles questions feminines : Vol 25, numero 1, 2006.

Asma Lamrabet

Barcelona, noviembre de 2007