La poesía floral de al-Ándalus

Fecha de publicación del artículo: 15/11/2020

Año de la publicación: 2020

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El género poético medieval conocido en árabe como nawriyyâ, proviene de nawr, «flor», término que, al igual que zahriyya, se refiere a los poemas dedicados a la descripción de las flores. Este género es sin embargo prácticamente imposible de separar de los rawdiyyat y rabî’iyyat (descripción de los jardines y de la primavera, respectivamente).

A mediados del siglo V / XI, el poeta sevillano Abû al-Walîd al-Himyârî (m. 440 / 1048) ya presenta estos géneros juntos: divide la obra Al-Badi’ fi Wasf Ar-Rabi’ («Libro de las cosas maravillosas que se han dicho para describir la primavera») en:

  1. Poemas sobre la primavera sin descripción de las flores;
  2. Un verso en el que se describen dos o más flores;
  3. Poemas sobre una flor en particular.

La aparición de este tipo de poesía está estrechamente vinculada al contacto con la antigua Persia y a la progresiva «urbanización» de los árabes tras las conquistas.

El proceso ya es perceptible en el período preislámico (entre los poetas de la corte de al-Hîra), pero no alcanza el estatus de un género propio hasta el período abasí. Al principio, los poetas del período abasí continuaron la tradición preislámica de describir la decoración floral de las tabernas de la qasîda en las escenas báquicas, pero en las khamriyyâts independientes comenzaron a describir los jardines donde se celebraban los banquetes.

Los poetas

Abû Nuwâs generalmente inserta estas descripciones siguiendo el tema del atlâl, el lugar común inicial de su khamriyyât; describe un número limitado de flores, que compara con partes del cuerpo (rosa=barriga, narciso=ojos) o con piedras preciosas, que serán las imágenes más frecuentes en la poesía posterior.

Abû Tammâm fue el primero en sustituir en un poema el nasîb, por una descripción de la primavera y sus flores, como un reflejo imperfecto del mamdûh, que tuvo un éxito extraordinario, no sólo entre los panegiristas árabes, sino también entre persas, turcos y hebreos.

Para Ibn al-Rûmî, la descripción de las flores y los jardines se convierte en un poema independiente. Hay dos tipos de nawriyyât en el dîwân de este poeta:

– Descripciones de la primavera o de un jardín, donde la naturaleza es un ser vivo que alaba a Dios por su belleza;

– O descripción de una o dos flores (narciso y rosa), que, en un famoso poema, son objeto de un juez de munâzara a favor del narciso (y que generó, a principios del siglo V/11, una serie de réplicas de obras literarias de al-Ándalus en prosa y verso recogidas por al-Hayari).

Hasta al-Sanawbarî, (m. en 334/945), la poesía floral no era conocida como un género aparte del wasf. Este poeta es considerado como el principal representante e incluso el creador de este género, debido a la abundancia de nawriyat de su dîwân, que toman la forma de poemas cortos (qit’a) así como de largas qasîdas, ya que sus descripciones de la naturaleza están presentes en todos los géneros poéticos.

La poesía andalusí

En al-Ándalus, este género es particularmente apreciado, por lo que prácticamente toda la poesía andalusí se identifica con la poesía floral. Las razones aducidas para justificar esta clara preferencia (la exuberante naturaleza, la abundancia y la variedad de las flores de al-Ándalus) parecen ignorar la naturaleza fragmentaria del corpus poético de al-Ándalus. Ya en la obra de al-Himyari, la mayoría de las qita’ son fragmentos del preludio floral de los panegíricos, a la manera de Abu Tammâm. Los poetas más notables son Ibn Jafaya, apodado al-Yannan, y su sobrino Ibn al-Zaqqaq.

Las descripciones de las flores se prestan al uso de un lenguaje elaborado y a la búsqueda de conceptos, por lo que el nawriyyât entra muy pronto en los libros de ma’ânî y comparaciones (tashbîhât), así como en las antologías en general.

Fuente: Artículo de Teresa Garulo, en la Enciclopedia del Islam.

Dos poemas andalusíes

Dos ejemplos de poemas florales cantados en la tradición andalusí:

Detalle del manuscrito Bayad wa Riyad.

Extracto de Wahd al-ghuzayyal

Fiq yâ mudallal unzur li-r-riyâd azhar
Az-zahru kallal wa wardun badî‘ ahmar
Amlâ wa nâwil min khamrin ‘atîq ahmar (…)
Wa narghabu Allâh in narâk bi-‘aynî astaghfir Allâh
Hâdhî sâ ‘a haniyya wa-l-hamdu li-l-Lâh (167-168)

Levántate, niña bonita, mira como el jardín está en flor;

¡Las flores están abriendo sus coronas, y las rosas rojas son sublimes!

¡Llenen las copas y sirvan este viejo y bermejo vino para beber!

¿Por qué me entregas a la piedad de mis enemigos?

Prometo que cuando mis ojos te vean, me arrepentiré…

Y yo proclamaré: ¡qué momento tan feliz, que se le agradezca al Señor!

 ‘Abbaqat fi r-riyâd al-azhâr

‘Abbaqat fi r-riyâd al-azhâr ‘an qurbi n-nahâr asbah ka-anna-hu ‘attâr
qad sâhati l-atyâr min fawqi th-thimâr arkhâti l-ghusûn astâr

al-bulbul bi-sawt fasîh yunshid bi-l-barîh mâ bayna awtâr wa tawshîh
mâ amlaha diyâ at-tasbîh nawâ‘ir tasîh al-mâ’ fî madjrâ-h waqîh
Unzur li-l-ghusûn tamîh ma‘a kulli rîh djamî‘ mâ tarâh malîh
Qum ‘âyin al-bustân wa t-tayru fî tahrîdj
al-mâ’ ka-mâ th-thu‘bân yansal min as-sahrîdj
bayna l-ghurûs bân ka-‘anna-hu husâm bahîdj
al-khabûr sha’nu-h yasfâr mâ bayna l-‘anwâr wa r-rawdu l-badî‘ yakhdâr
dja mî‘ mâ tarâh anwâr mithla l-djullinâr al-khîlî ma‘a l-azhâr

nasîm al-‘arîsh ‘abbaq bi-l-yâs wa-l-habaq banafsadj raqîq azraq
wa qatr an-nadâ tafarraq fî kufûfi l-waraq lâ yubâ’ wa lâ yusraq
al-‘ûdu wa r-rabâb yantaq yasbî man ya‘shaq at-târ wa z-zunûdj takhfaq
qum yâ nadîm qâyam tarâ l-fadjra zayyaq
tarâ l-mudâm ‘âyam fî-l-ka’s yatarawnaq
qum nabbih an-nâyam min an-nu‘âs fayyiq
qum nabbih al-khunnâr shu‘â‘un li-n-nahâr nadjmu s-subhi wa l-ghurar
tasma‘ lughat manyâr djâwbu-h l-hazâr amlâ fî qatî‘ ballâr

Las flores del jardín exhalan sus aromas a medida que se acerca el día,

Esta mañana, el jardín es como un perfumista;

Los pájaros cantan sobre las ramas cargadas de brotes;

Las ramitas, deshacen las cuerdas y se revelan.

 

El ruiseñor, tan elocuente, canta alto y claro…

¡Y mezcla sus melodías con las cuerdas (del laúd) y las canciones!

Agradable es la luz de la mañana, gritando están las norias

¡Y el agua de los canales es tan descarada!

Admira las ramas que se mecen con cada brisa que pasa,

Todo lo que ves es encanto y belleza.

Levántate y admira el jardín mientras los pájaros cantan a toda voz.

El agua, como una serpiente, se escapa de las albercas

Y brilla entre las plantas como una espada brillante;

El saúco, entre las alfombras de flores, toma su color dorado

Y el hermoso jardín es todo verde.

Todo está brotando como las flores de granada.

Tanto las flores de naranjo como los clavos de olor.

 

Desde el cenador, la brisa trae los aromas de mirto y albahaca y de la tan refinada violeta

En las palmas de las hojas el rocío ha expandido sus perlas…

Que ni se venden ni se dejan robar

El laúd y el rabab se hacen oír y encantan a los amantes,

Mientras que la pandereta y los platillos se retuercen;

¡Levántate comensal, levántate! ¡Mira el amanecer que apunta!

¡Vean cómo el vino inunda las copas, que emiten su brillo!

¡Despierta al que duerme, despiértalo de su sueño!

Despierta también hermosa, rayo del día…

¡Estrella de la mañana y haz de luz!

Escuchen cómo el ruiseñor responde al escribano

¡Y llena la copa con cristal!

Bibliografía

Peres: La poésie andalouse en arabe classique au XIe siecle, Paris 1953, pp. 161-201.

Schoeler: Arabische Naturdichtung. Die zahriyyât, rabî’iyât und rawdiyat von ihren Anfangen bis As-Sanawbarî, Beirut 1974.

Traducción del francés: Inés Eléxpuru