La última resistencia musulmana en Mallorca

Autor del artículo: Patricia Montoro - FUNCI

Fecha de publicación del artículo: 14/04/2020

Año de la publicación: 2020

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En el año 2011 se hallaron en las profundidades del embalse del Gorg Blau, en la Sierra de Tramuntana de Mallorca, los vestigios de lo que se considera la última resistencia musulmana de la isla balear. Este emblemático lugar, que se extiende hasta los 160.000 metros cuadrados, está ubicado en el corazón de la Sierra, reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y su historia se remonta a comienzos del siglo X.

Fue un peregrino musulmán que se dirigía a La Meca en el año 902 y al que los vientos llevaron hasta las islas Baleares, quien se topó con una tierra desconocida. Informó al emir de Córdoba de su descubrimiento y este las tomó por asalto, rebautizándolas como Islas Orientales de Al-Ándalus. Posteriormente se convirtieron en una taifa independiente que en el año 1114 fue ganada por los almohades, hasta que la invasión del rey aragonés Jaime I puso fin al dominio musulmán.

Entre 1229 y 1240 aconteció la conquista musulmana de las Islas Baleares. En 1229 el rey Jaime I de Aragón cercó la ciudad de Madina Mayurqa, la actual Palma. Entre 20.000 y 30.000 musulmanes murieron, pero unos 15.000 consiguieron huir y ofrecer resistencia, encabezados por el caudillo Xuaip. Aguantaron todavía dos años más, hasta que el caudillo pactó la rendición oficial con los cristianos. Mallorca se constituyó como un reino más de la Corona de Aragón bajo el nombre de Regnum Maioricarum et insulae adiacentes, pero, incluso entonces, unos 3.000 supervivientes se refugiaron en la zona montañosa septentrional de la isla, donde vivieron ocultos durante un par de años más, rodeados de defensas militares. Los expertos afirman que los refugiados en las montañas tuvieron que vivir como animales para sobrevivir, y fueron cazados paulatinamente para ser vendidos como esclavos, hasta que, finalmente, en 1240 se dio por terminada la resistencia musulmana.

Entre 1229 y 1240 aconteció la conquista musulmana de las Islas Baleares. En 1229 el rey Jaime I de Aragón cercó la ciudad de Madina Mayurqa, la actual Palma.

Para continuar con la historia de este emblemático lugar tendremos que avanzar unos cuantos siglos, hasta el año 1595, cuando un párroco de la zona habló de la existencia de un gran poblado “de tiempos de los moros” y afirmó que aún se distinguían los restos de una mezquita. Sin embargo, la cuestión quedó ahí y tuvieron que pasar casi cuatro siglos más, concretamente hasta 1970, para que los arqueólogos locales, encabezados por Manuel Fernández-Miranda, llevaran a cabo una pequeña excavación que devolvió a la luz los primeros restos: muros y cerámica. Los catalogaron como árabes, pero no pudieron establecer la cronología exacta.   

Fue en los años 70 del pasado siglo, poco después de que Fernández-Miranda y su equipo hallaran los primeros restos, cuando la construcción del pantano de Gorg Blau inundó por completo el lugar, que entonces y ahora es conocido como Almallutx. La extensión de más de 160.000 metros cuadrados que constituye el último asentamiento musulmán en la isla quedó sumergida bajo el agua, hasta que, por fin, en 2011, debido a la fuerte sequía que sufrió la isla, todo volvió a ser visible.

Tras diez años de investigaciones y trabajo, los arqueólogos Jaume Deyà, director del Museo de Sòller, y Pablo Galera, mediante el proyecto Almallutx, han podido delimitar la extensión del asentamiento, así como los materiales que en él se encuentran.

Rescatando Almallutx

Aunque de las 16 hectáreas del yacimiento solo se ha excavado menos del 1%, debido a la problemática que supone la subida del nivel del agua cuando llueve, los expertos aseguran que son suficientes para confirmar la historia del lugar..

En el fondo del pantano se ha encontrado un gran entramado urbano con viviendas quemadas, una mezquita y un mihrab, un cementerio con restos humanos y numerosas cerámicas de la época -algunas de cuerda seca, como se aprecia en la fotografía superior-, incluidas las llaves de varias casas. También se han rescatado rejas de arados, molinos manuales, cencerros y fusaloyas, las piedras circulares que se empleaban en los telares. Además de un bacín, decorado con una inscripción que hace referencia a la buena suerte, y una gran tinaja en cuyo interior los científicos han encontrado pólenes de azafrán, limón y olivo.

Otro de los impedimentos que encuentran los arqueólogos es que, aunque el suelo es en su mayor parte de titularidad pública, hay pequeñas zonas que son propiedad privada, lo cual dificulta todavía más las labores de prospección. Sin embargo, esto no ha impedido que se documenten un sinfín de restos arquitectónicos que corresponden a las viviendas que conformarían un gran poblado: zócalos de casas con patios, calles, una mezquita y, hasta el momento, dos cementerios islámicos.

En el fondo del pantano se ha encontrado un gran entramado urbano con viviendas quemadas, una mezquita y un mihrab, un cementerio con restos humanos y numerosas cerámicas de la época, incluidas las llaves de varias casas.

El nivel de conservación de los materiales arqueológicos que quedaron sepultados por un incendio ha permitido reconstruir cómo era la vida de esa comunidad. De hecho, una de las bases del proyecto radica en la combinación de arqueología con fuentes escritas, permitiendo obtener una visión del poblamiento musulmán en la sierra norte de la isla.

Gracias al proyecto Almallutx y a sus arqueólogos y científicos hemos podido recuperar un lugar importantísimo para la historia no solo de la isla mallorquina, sino del país entero. Sin embargo, bajo las aguas del pantano de Gorg Blau, como en otros tantos lugares todavía ocultos, aún queda mucho trabajo y mucha historia que recuperar.