El islam es una religión europea, ¿por qué cuesta tanto reconocerlo?

Autor del artículo: Jesús García Calero - ABC

Fecha de publicación del artículo: 01/05/2019

Año de la publicación: 2019

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En pleno debate político, propiciado en especial por la extrema derecha, sobre la identidad cultural e histórica de Europa, no está de más leer las opiniones de Neil MacGregor sobre su construcción, y sobre los falsos supuestos que la alimentan.

No es un libro sobre la fe, sino sobre lo que convivir con los dioses ha aportado al ser humano desde la noche de los tiempos. Un libro que hace preguntas oportunas, algunas incómodas. Las creencias, desde el paleolítico, dibujan una pulsión humana de imaginar la comunidad, de expresarla y de elevarla hacia un sentido. Culturalmente, resulta un viaje formidable y Neil MacGregor, que dirigió el British Museum de 2002 a 2015, ha querido proponerlo en un libro titulado «Vivir con los dioses» (Debate). ¿Por qué este libro? «El museo es quien ayuda a poner sobre la mesa una conexión histórica para analizar el mundo actual. Y es obvio que en el mundo una de las principales cuestiones es por qué la religión ha vuelto a ser central en la política. Hace 70 años todo el mundo pensaba que se iba a convertir en un asunto privado. La economía, la ciencia, el racionalismo, toda la esfera pública sería laica. Todo cambió en 1979, con la revolución de los ayatolás».

-Para usted la religión habla de la comunidad.

-Desde el Paleolítico, necesitamos historias que compartimos para conocer nuestro lugar en la comunidad. Necesitamos saber el significado de nuestra existencia en ella y el de la comunidad después de nosotros. En Europa pensamos que la religión es teología y metafísica, no como la historia de una comunidad.

-Europa ha perdido la visión mágica del mundo. ¿Hemos perdido también la capacidad de comprender relatos por encima de las farolas?

-En Europa la política habla más del individuo y menos de la comunidad. No tenemos rituales que antes sí había. Esos actos reafirman la importancia de la comunidad. No tenemos símbolos que persuadan a todos de que son parte de la comunidad.

-Desde la Revolución Francesa los ritos racionalistas acaban en terror, como todas las grandes «religiones» del totalitarismo crearon sus terrores, la Alemania Nazi, la URSS de Stalin… ¿Hay algo en los datos arqueológicos que permita ser optimista? Usted es de un país que inventó el individualismo ¿y habla de la necesidad de una unión simbólica en la hora del Brexit?

-Una de las principales cuestiones de Europa es que las historias a nivel nacional son muy profundas y muy diferentes. Eso es una fuente de cohesión. Pero ese sustrato se ha desmoronado, no funciona. Tampoco hemos encontrado una metanarrativa para Europa que abarque esas historias diferentes. Gran Bretaña es un país pragmático, la única democracia en la que el jefe de Estado es el jefe de la Iglesia, y es un país laico. Los británicos entendieron que la política narrativa y religiosa operan en el mismo ámbito y tienden a incluir a todas las personas. Por eso funcionó en el pasado. Pero tampoco en Gran Bretaña funcionan ya los viejos mitos nacionales porque ya no acomodan a los nuevos ciudadanos, muchos inmigrantes. Necesitamos una nueva historia para integrar a todo el mundo. Eso nadie lo ha logrado todavía.

-En una sociedad que convierte al individuo en sujeto de consumo…

-Si tenemos en cuenta el cambio de ciudadano a consumidor, vemos personas que se encuentran fuera. No compartimos todos esa narrativa. Por eso cito a Joan Didion cuando dice: «Todos necesitamos encontrar historias que nos permitan vivir».

-Visto desde Europa, todos los dioses vienen de la guerra, desde Homero. ¿La paz es la que no encuentra narrativas atractivas?

-Olvidamos que los estados nación, los imperios, tenían una estructura religiosa nacional. He dedicado un capítulo al imperio romano, porque integraba a los dioses de los pueblos vencidos. Los cristianos europeos no podían porque solo teníamos un Dios único. Hay que encontrar un modelo de Europa que honren a los dioses de todos los que viven aquí. Pero es difícil. Cuando hablamos de la cultura europea no se dice que una gran parte de la creatividad europea es africana, americana, india o árabe. Londres o París son centros de creatividad islámica.

-Vivieron en España ocho siglos.

-El islam es una religión europea. ¿Por qué resulta tan difícil reconocerlo?

-Hay una narrativa de la yihad que ha marcado el mundo. Incluso hubo atentados contra los Budas de Bamiyán. La cultura es también el objetivo.

-Las religiones monoteístas tienen dificultades para honrar a los dioses de los demás. Lo hemos heredado. ¿Qué hacemos? Hallar una historia supranacional de Europa, con símbolos y ritos.

-¿Europa debe devolver todas las obras que piden las antiguas colonias? ¿Eso es aceptar a los dioses del otro?

-Es parte del debate. Hay que honrar las culturas que fueron conquistadas, La nueva relación, en especial con África, cuando no permitimos a los africanos entrar en Europa. Los objetos de los museos son símbolos de la vieja relación que sigue siendo la actual. Cómo los usamos para cambiar la relación es un trabajo de los museos. En Alemania dejan los monumentos coloniales, pero generan otro discurso renovado. Ambos hechos coexisten.

-¿Entonces?

-No neguemos el pasado, pero hagamos símbolos que muestren que pensamos cosas diferentes ahora.

-¿No hay riesgo de imponer con ellos otro colonialismo cultural? Y ya que estoy con el exdirector del British, ¿qué hacemos con los mármoles de Elgin?

-Es la misma cuestión. ¿Hay una historia compartida de la humanidad? A quién pertenecen las cosas no es la cuestión, sino quién las puede utilizar. Las esculturas del Partenón se hicieron famosas porque estaban en Londres. Por encima de eso, millones de personas vieron la importancia de esa tradición en Londres. Es complicado, por supuesto. Por eso es importante prestarlas, como cuando fueron al Hermitage.

-La conversación global presupone ánimo de conversar. Hoy hay países escalando la tensión. ¿Puede la cultura tender puentes sobre esos muros?

-Sí, pero yo diría mejor por debajo. Existe una república de las letras, un mundo académico que cree en las mismas cosas. La relación entre el Hermitage y el British pasó por momentos muy lejanos a la amistad. Pero los académicos nunca dejamos de compartir. Ese mundo de la cultura es la gran idea de la Ilustración. Somos gente que quiere encontrar nuevas verdades, con énfasis en el plural. El peligro de esta conversación cultural son nuestros gobiernos.

-¿Qué idea del hombre dan los dioses que están en los museos y en su libro?

-El deber del museo es complicar la historia. Los políticos prefieren historias simples. Los nacionalistas una muy muy simple. Nuestro deber es ofrecer complejidad, que permite a los ciudadanos resistir la falsa simpleza de los nacionalismos. El museo tiene un papel muy importante en minar los mitos nacionalistas.

-Ese mensaje en España, donde tenemos unos cuantos nacionalismos…

-¿De qué estás hablando? (Jajajaja) En Gran Bretaña está exactamente igual. El problema es en toda Europa. Tal vez por suerte España no es diferente.

-¿Qué aportó la convivencia con los dioses al ser humano?

-Nos ha enseñado a convivir unos con otros. Todas estas religiones que han sobrevivido tratan de la comunidad, de todo el mundo. La gran diferencia entre la visión religiosa y la económica es la necesidad de incluir a todo el mundo en el proceso. Y que todo el mundo tenga su lugar en la historia. Vivir con los dioses tiene que ver con vivir con los demás.

-Pero hemos expulsado a los dioses.

-Solo en Europa. Eso es clave. Somos la excepción. Hace que sea más difícil que entendamos al resto del mundo.

-¿Pediría a los europeos sin fe que sean «culturalmente religiosos»?

-Claro que se puede ser religioso sin fe. Nos centramos en el texto. La mayor parte del mundo no piensa en eso, la religión es más sobre los ritos, sobre lo que hacen las comunidades. Deberíamos entender que la religión es lo que ha mantenido a la gente unida.

-Como ahora en Europa el rock and roll…

Fuente: ABC