Diálogo intercultural a través de la literatura de viajes

Autor del artículo: Dr Mohamed Chtatou

Fecha de publicación del artículo: 13/07/2021

Año de la publicación: 2021

Dr. Mohamed Chtatou

La rihla, o literatura de viajes, ha desempeñado un rol destacado en el registro de las costumbres y tradiciones de los distintos pueblos del mundo, contribuyendo a conectar las distintas regiones y comunidades geográficas. Sus obras han contribuido a la preservación de las singularidades de las regiones visitadas, muchas de las cuales se hubiesen perdido de no haber sido por este género. que promueve a su vez el diálogo interreligioso. En un primer artículo publicado por FUNCI, nos centramos en los inicios de la rihla (s. XII a XIV) y en los principales autores responsables de su desarrollo. Esta segunda entrega profundiza en el desarrollo posterior de este género entre los siglos XVIII y XIX, centrándose en los diversos autores orientales y occidentales y en su aportación al diálogo intercultural.

Si atendemos a los principales mitos y cuentos, el viaje forma parte de la historia de la humanidad. Ya sea a través del hombre que se embarca hacia una tierra prometida (Abraham o Moisés), que se enfrenta a numerosos obstáculos para regresar a su lugar de origen (Ulises), que se lanza en busca de la sabiduría a través de múltiples encuentros (Buda) o que sale a descubrir la terra incognita (Cristóbal Colón o Marco Polo), los viajes enriquecen la percepción del mundo. En la actualidad, los viajes forman parte de nuestra vida cotidiana.

La literatura de viajes resultante de estas experiencias constituye, seguramente, una de las mejores ilustraciones del diálogo intercultural aplicado. El desplazamiento de personas a lo largo de los siglos, por motivos de trabajo, educación, comercio, diplomacia u ocio les ha permitido entrar en contacto con otras personas de distinto color, cultura o credo. Estas interacciones se producen de diferentes maneras, pueden ser violentas y perturbadoras o pacíficas y amistosas. Los encuentros violentos no se producen únicamente en contextos de ocupación y conquista, sino también cuando se adopta un enfoque cultural erróneo, resultante de la falta de comunicación producida por las ideas preconcebidas. Lo cierto es que los seres humanos construyen demasiados muros a su alrededor para aislarse, y muy pocos puentes para encontrarse. ¿Es el miedo? ¿Es el sentimiento de superioridad? ¿Es el odio? ¿O son todos estos componentes juntos? En realidad, no hay una respuesta precisa, sino una multitud de escenarios…

Camellos en el desierto de Judea. (foto: Amir Appel)

La rihla como vínculo entre Oriente y Occidente

Las cartas de Lady Mary Montagu en el siglo XVIII

Lady Mary Wortley Montagu (1690-1762), de nacimiento Lady Mary Pierrepoint, nació en Thoresby, en Nottinghamshire, en el año 1690, y fue la primogénita del conde de Kingston (después marqués de Dorchester y, finalmente, duque de Kingston). Desde pequeña desplegó grandes encantos, así como una fina agilidad mental, que la convirtió en favorita y orgullo de su padre. Tras perder éste a su esposa en 1694, presentó a su hija en sociedad y la hizo presidir su mesa con frecuencia, casi antes de que hubiera superado la infancia.

En agosto de 1712, sin el consentimiento de su padre, Lady Mary se casó con Edward Wortley Montagu, Esq., hijo mayor del Honorable Sydney Montagu, y nieto del primer conde de Sandwich. Sus cartas al Sr. Montagu antes de su matrimonio, que han sido publicadas íntegramente por primera vez en la última edición completa de sus obras – realizada por su bisnieto, el actual Lord Wharncliffe – demuestran que, en aquel momento, ya había alcanzado gran parte de la agudeza de estilo y pensamiento por la que son conocidos sus escritos, así como una madurez de juicio muy superior a su edad.

Entre 1716 y 1718, Lady Mary Wortley Montagu acompañó a su marido durante su nombramiento como embajador en el Imperio Otomano. Viajó por tierra a través de Viena, Belgrado y Adrianópolis, permaneció en Constantinopla, y regresó vía Túnez, Génova y París. Las Cartas de la Embajada Turca son una selección de las cartas que escribió durante ese periodo. Trabajó en ellas a lo largo de su vida, pero no se publicaron hasta después de su muerte en 1762.

Lady Mary Wortley Montagu fue descrita por un contemporáneo como “uno de los personajes más extraordinarios del mundo”. Sus cartas relatan sus viajes por Europa hasta Turquía en 1716, donde su marido había sido nombrado embajador. Su vivacidad favorece el disfrute de su lectura y su singular inteligencia nos proporciona conocimientos excepcionales de su época. Su capacidad para estudiar otra cultura conforme a sus propios valores, y para verse a sí misma a través de los ojos de los demás, hacen de Lady Mary una de las primeras escritoras de viajes más fascinantes y cualificadas.

Cuando el equilibrio de poder se desplazó del Imperio Otomano hacia Europa tras la batalla de Lepanto en 1571, a pesar de las similitudes en la posición subordinada de las mujeres en Oriente y Occidente, la mujer con velo se convirtió en uno de los símbolos más poderosos de la “irracionalidad” del islam. La floreciente industria de la literatura de viajes de los siglos XVIII y XIX, que satisfacía el deseo de relatos del “exótico” Oriente, se deleitaba en las historias de la mujer oprimida con velo. Estos relatos, a menudo “imaginarios” (los hombres no tenían acceso a las habitaciones de las mujeres), de las mujeres de Oriente se plasmaron en obras como A Full and Just Account of the Present State of the Ottoman Empire de Aaron Hill, A New Voyage to the Levant de Jean Dumont, Early Travels in the Levant de John Covel y A Journey to the Levant de Robert Heywood. A la vez “voyeristas” e indignados, estos relatos de viajes desviaban la atención de las desigualdades de género existentes en los países occidentales, para presentar Oriente como un lugar que necesitaba ser rescatado y reforzar la idea de Europa como un continente libre, justo y civilizado, apoyando su papel imperialista. Estas narraciones también permitían al lector masculino atribuirse de manera indirecta el papel de héroe, mientras satisfacía sus fantasías de penetración y dominación.

Lady Montagu in Turkish dress, por Jean-Étienne Liotard, 1756, Museo Nacional de Varsovia, Polonia.

Sin embargo, Lady Mary Wortley Montagu, una de las primeras visitantes del Imperio Otomano, desafió estos relatos culturalistas sobre las mujeres turcas y su esclavitud al insistir en la libertad de las mujeres con velo. En sus Cartas de la Embajada Turca, derriba el omnipresente discurso orientalista y la división entre Oriente y Occidente, cuestionando la retórica de la modernidad y la razón occidentales y la barbarie y la irracionalidad orientales, al menos en lo que se refiere a la figura de la mujer (sin) velo. En sus descripciones, Montagu invoca la tradición de las narraciones de viajes del siglo XVIII, que se deleitan con descripciones imaginativas del abuso y la esclavitud de la mujer oriental y “se lamentan del miserable confinamiento de las damas turcas” (134), pero en las que también desplaza la mirada hacia su propio cuerpo aprisionado. Abriendo burlonamente su camisa e invitando a ser rescatada, pone el foco sobre el orden social inglés y dificulta el papel del lector colonialista heroico. Este desvestirse o desvelarse no supone ingenuamente una libertad sin restricciones, sino que muestra un orden social de género que subyace en la propia retórica de la razón.

Los escritos de Montagu sobre Turquía contrarrestan los orientalismos predominantes en los relatos de viajes de su época, que apoyan la expansión del Imperio, y abren un espacio en el que los impulsos colonialistas son objeto de crítica.

Sobre esta distinguida viajera e intelectual de la época de Augusto, Carolyn McDowall, escribe en The Culture Concept Circle, en 2016 un artículo titulado “Lady Mary Wortley Montagu – Adventuress & Woman Of Influence”[i]:

The Turkish Embassy Letters of the Right Honourable Lady Mary Wortley Montague, escritas durante sus viajes por Europa, Asia y África a personas distinguidas, aparecieron publicadas en 1763, al año siguiente de su muerte.

Tras regresar a Londres en 1761, después de la muerte de su marido, encargó al reverendo Benjamin Sowden que hiciera con ellas lo que quisiese y hoy son la base de su reputación literaria.

Al leer las cartas de Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné, Lady Mary afirmó ‘… sin la menor vanidad, las mías serán igual de entretenidas dentro de 40 años’.

Fueron un éxito de ventas y se convirtieron en un modelo de escritura de cartas animadas, inspirando e influyendo en la sensibilidad sobre lo que constituía una carta personal eficaz y entretenida.

Su descripción de la vida en un harén influyó en la obra de pintores, ilustradores y escritores orientalistas del siglo XIX.

Me hubiera gustado leer sus diarios, pero su hija los quemó después de que ella muriera de cáncer, siete meses después de llegar a casa.

The Complete Letters of Lady Mary Wortley Montagu, 3 vol. (ed. Robert Halsband, publicada en 1965-67)fue la primera edición completa de las cartas de Lady Mary publicada”.

Literatura de viajes del siglo XIX: el intercambio entre Europa y Egipto

Rifa’a al-Tahtawi (1801-1873)

Rifa’a al-Tahtawi nació en el pueblo de Tahta, en Sohag, el mismo año en que las tropas francesas evacuaron Egipto. Era un azharita, recomendado por su maestro y mentor Hassan El-Attar para ser capellán de un grupo de estudiantes que Mohammed Ali envió a París en 1826. Muchas misiones de estudiantes de Egipto fueron a Europa a principios del siglo XIX para estudiar artes y ciencias en universidades europeas y adquirir conocimientos técnicos como la imprenta, la construcción naval y las técnicas militares modernas. Según sus memorias Rihla (Viaje a París), Tahtawi estudió ética, filosofía social y política, matemáticas y geometría. Durante su estancia en Francia leyó obras de Condillac, Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Bezout, entre otros.

Fue un erudito religioso egipcio formado en disciplinas islámicas en al-Azhar por un sheij simpatizante del programa de reformas de Muhammad Ali. Tras su regreso, colaboró en el desarrollo de un nuevo sistema educativo en Egipto y fomentó la enseñanza de idiomas y las traducciones. Trabajó para desarrollar un marco intelectual para la integración de las ideas europeas e islámicas, sentando las bases del pensamiento modernista islámico, y contribuyendo a sentar las bases del nacionalismo egipcio.

Rifa’a al-Tahtawi fue escritor, profesor, traductor, egiptólogo e intelectual del renacimiento egipcio (Nahda). Fue uno de los primeros eruditos en escribir sobre las culturas occidentales, en un intento de promover la reconciliación y el entendimiento entre las civilizaciones islámica y cristiana. Fundó la Escuela de Idiomas en 1835 e influyó en el desarrollo de la ciencia, el derecho, la literatura y la egiptología en el Egipto del siglo XIX. Su obra influyó en muchos estudiosos posteriores, entre ellos, el célebre reformista Muhammad Abduh.

Sobre este ilustrado viajero egipcio del siglo XIX, Barbara Winckler escribió un artículo en la revista Qantara titulado “Francia como modelo”, en la que analizaba su experiencia de viaje en Francia[ii]:

“Su libro, con el título prácticamente intraducible Takhlis al-ibriz fi talkhis Baris (El refinamiento del oro en una descripción completa de París), redactado en la prosa rimada típica de la época, apareció en 1834. Ein Muslim entdeckt Europa (Un musulmán descubre Europa), como reza el título de la traducción alemana, describe las impresiones de Tahtawi sobre París, donde vivió de 1826 a 1831 como imán de la primera misión de estudio enviada por Muhammad Ali.

En aquella época, Egipto atravesaba un periodo de transición. La expedición egipcia de Napoleón en 1798 y los tres años siguientes de ocupación enfrentaron a Egipto con la flagrante superioridad de Europa, sobre todo en el ámbito militar y tecnológico; era imperativo ponerse al día. Conforme a la estrategia gubernamental, los que habían estudiado en París podían reemplazar a los expertos franceses que se habían importado para tal fin.

Además, la Francia ampliamente secularizada se consideraba menos ‘arriesgada’ para los musulmanes. Tras siglos de desinterés por una Europa supuestamente atrasada, el libro de Tahtawi fue la primera descripción árabe moderna de un país europeo. Escrito en un tono objetivo, pretendía funcionar como una guía práctica de viajes, educando, elevando y animando a la imitación”.

El Cairo a finales del s. XIX. (Foto: Monovisions)

Winckler continúa describiendo la fascinación mostrada por Tahtawi hacia la cultura y la civilización francesas, y la visión idealizada del sistema educativo francés que expresa:

“Muy atraído por el aprendizaje, el sistema educativo y los logros científicos franceses, Tahtawi transmite a menudo una imagen idealizada en la que ‘todos los franceses’ saben leer y escribir, poseen una biblioteca y son apasionados estudiosos. El sistema político republicano se describe de forma positiva, aunque el autor también comenta que el islam también proporciona buenos acuerdos.

Tahtawi, nacido en el Alto Egipto en una familia prominente, fue uno de los pioneros de la Nahda, el Renacimiento árabe. Sus estudios en la Universidad Azhar de El Cairo, con su plan de estudios tradicionalmente religioso, no parecieron predestinarle a este papel, aunque ya entonces estudiaba geografía, historia, astronomía y ciencias naturales.

Sin duda, su participación en la misión de estudio fue crucial para el desarrollo posterior de Tahtawi, que, como para los demás participantes, sentó las bases para una posterior carrera en el ejército o la administración.

También fue una suerte que a Tahtawi, a diferencia de los demás participantes, no se le delegara una especialización técnica y pudiera dedicarse a la traducción y a la lectura de una amplia gama de literatura”.

John Lloyd Stephens (1805-1852)

Por último, podemos destacar los viajes de John Lloyd Stephens desde Estados Unidos a Egipto, hasta llegar a Jerusalén. John Lloyd Stephens (Nueva Jersey, 1805 – Nueva York, 1852) se graduó en la Universidad de Columbia en 1822 y, tras estudiar derecho en Litchfield (Connecticut) y Nueva York, se graduó como abogado. Ejerció su profesión durante ocho años en esta última ciudad, al tiempo que aparecía ocasionalmente como orador público en las reuniones del Partido Demócrata, del que era un ferviente defensor. Cuando su salud se deterioró, emprendió un viaje a Europa para recuperarse, en el año 1834. Desde allí, decidió extender sus viajes a algunas partes de Asia y África, a lo largo del Mediterráneo. Escribió una serie de cartas en las que describía sus viajes y que aparecieron en la American Monthly Magazine de Hoffman. Cuando regresó a Nueva York en 1836 descubrió que estas cartas habían sido el artículo más popular de la revista. Este hecho le llevó a hacer un relato más detallado de sus viajes en su obra Incidents of Travel in Egypt, Arabia Pertain, and the Holy Land (2 vols. Nueva York, 1837.)

Los libros de Stephens, que fueron un éxito de ventas a mediados del siglo XIX, se leen como la más inspirada de las novelas, y su inmediatez poética sitúa al lector en el centro de la aventura. En esta obra clásica de 1837 -que Edgar Allan Poe elogió por su “frescura de maneras que evoca la virilidad de los sentimientos”- Stephens sumerge al lector en un evocador viaje por Oriente Medio, desde una visita a las pirámides de Egipto hasta encuentros con entusiastas lugareños. Con las hermosas ilustraciones originales del artista y arquitecto inglés Frederick Catherwood (1799-1854), este libro sigue cautivando a los espíritus aventureros.

Conversacional y sin pretensiones, el libro es una magnífica narración del viaje de un año del autor por Oriente Medio, incorporando observaciones detalladas de las maravillas arquitectónicas encontradas, como las pirámides, los templos de Karnak, o la ciudad de roca roja de Petra, y ofreciendo encantadores relatos de un baño turco, cómo atrapar un cocodrilo, el vestuario de una damisela nubia, una noche en una tumba, la hospitalidad de los árabes, los caballos del desierto y la Pascua en Jerusalén.

Río Jordán a finales del s. XIX. (Foto: Monovisions)

En resumen, la literatura de viajes, ya sea inspirada por el placer, la peregrinación, el deber oficial, la exploración geográfica o el beneficio económico, ha surgido como un género destacado en prácticamente todas las épocas y culturas. Las narraciones de viajes median entre la realidad y la ficción, combinando diferentes disciplinas académicas, categorías literarias y códigos sociales, y planteando cuestiones relativas al poder y la autopercepción, la representación cultural y la imaginación. Contribuye, así, a promover el diálogo y el entendimiento interreligiosos.

Traducción: Alfonso Casani.

Referencias

Burgin, Robert. Going Places : A Reader’s Guide to Travel Narratives. Santa Barbara: Libraries Unlimited, 2013. Print. Real Stories.

Cox, Edward Godfrey. A Reference Guide to the Literature of Travel, including Voyages, Geographical Descriptions, Adventures, Shipwrecks and Expeditions. Seattle: U of Washington, 1935. Print. University of Washington Publications in Language and Literature, v. 9-10, 12.

Robinson, Jane. Wayward Women : A Guide to Women Travellers. New York: Oxford UP, 1990.

Smith, Harold Frederick. American Travellers Abroad : A Bibliography of Accounts Published before 1900. 2nd ed. Lanham, Md.: Scarecrow, 1999.

[i] https://www.thecultureconcept.com/lady-mary-wortley-montagu-adventuress-woman-of-influence

[ii]https://en.qantara.de/content/rifaa-rafi-al-tahtawi-france-as-a-role-model