INFORMACIÓN GENERAL
Localización:
Carrión de Calatrava, Ciudad Real, Castilla-La Mancha
Categoría/s:
Medina [Civil].
Materiales y técnicas:
Materiales: mampuestos, morteros, barro, limos.
Técnicas: mampostería, tapial.
Dimensiones:
5 hectáreas aproximadamente
Cronología:
ss. VIII-XIII
Estado de conservación:
Bueno
Descripción:
El enclave fortificado de Qalā’t Rabāḩ (Calatrava) aparece mencionado en las crónicas desde mediados del siglo VIII. Jugó un rol fundamental durante el emirato de al-Ándalus, entre los siglos VIII y X, con un activo papel en las rebeliones imazighen y ante las insurrecciones de la ciudad de Ṭulayṭula frente a la autoridad central omeya de Córdoba. Qalā’t Rabāḩ fue destruida por los toledanos en el año 853 y reedificada por el emir Muhammad I; se convirtió en un enclave primordial para el poder cordobés y mantuvo su preeminencia durante los periodos taifa y almorávide.
Durante estas centurias, la ciudad destacaba por su infraestructura defensiva, con recintos amurallados para la alcazaba y la medina, una cuarentena de torres de flanqueo y varias albarranas, así como un gran foso. La cercanía con el río Guadiana, le permitía abastecerse de agua gracias a la infraestructura de las corachas, de las cuales se han identificado cuatro ubicadas en la medina, en el alcázar y en uno de los arrabales, salvo una de ellas que, estando próxima al río, se convirtió en un depósito de agua y su estructura quedó modificada, sirviendo de base a esta nueva construcción. La medina contaba con un alcázar, un aljibe exento, mezquita, baños y hornos. Extramuros se desarrollaron unos extensos arrabales donde se han identificado áreas artesanales, construcciones para las labores agrícolas dispersas, un cementerio almohade y una mezquita, cuyos restos aún pueden visualizarse en la fachada norte de la iglesia del Santuario de Nuestra Señora de la Encarnación.
En 1147, Qalā’t Rabāḩ fue tomada por el monarca castellano Alfonso VII y cedida primero a los templarios y después, en 1158, a la Orden de Císter. En este punto, se convirtió en la sede fundacional de la primera orden militar hispana (1158), que adoptó para sí el nombre de la ciudad, la Orden de Calatrava.
Las victorias almohades sobre el valle del Guadiana devolvieron temporalmente a Calatrava su predominio geopolítico en la región, de hecho constituía el punto más avanzado para los almohades en la Península. Prueba de ello son los importantes trabajos de reconstrucción que los almohades llevaron a cabo en la muralla de la medina entre los siglos XII y XIII. Además, fue un centro de producción de manufacturas de lujo, donde destacan los trabajos del vidrio, del hueso y los metales, pero sobre todo, de la cerámica vidriada conocida como «reflejo de oro», de la que Retuerce y Melero (2024) indican que probablemente se destinaba a un mercado externo a al-Ándalus.
En 1212, la ciudad pasó definitivamente a manos castellanas, bajo el poder de los caballeros calatravos. Con todo, la ciudad quedó abandonada a comienzos del siglo XV, tras haber trasladado la sede fundacional de la orden al Sacro Convento de Calatrava la Nueva a mediados del siglo XIII y con la consecuente y paulatina migración de la población a la villa de Almagro.
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