INFORMACIÓN GENERAL
Localización:
Madrid, Madrid, Madrid
Categoría/s:
Civil, Medina [Civil].
Materiales y técnicas:
Dimensiones:
Cronología:
ss. IX-XI; ss. XI-XVI
Estado de conservación:
Descripción:
Maŷrīṭ (actualmente Madrid), fundada por el emir Muḥammad I en la segunda mitad del siglo IX, es la única capital europea de origen islámico. Fue creada como plaza defensiva en los límites territoriales de al-Ándalus, la «Marca Media». Al poco tiempo, comenzó a desarrollarse y organizarse como una madina o ciudad islámica.
La ciudad en época andalusí contó con un perímetro amurallado de unos 800 ca. metros, de los cuales se conservan algo más de 200 metros repartidos en varias localizaciones. Para su construcción emplearon distintos materiales y técnicas: paramentos de sillería realizada en sílex o pedernal, rellenados con mortero de cal y canto y encalados en su parte interna. El tramo mejor conservado se encuentra en la Galería de las Colecciones Reales, pero el segmento de mayor longitud, visible, es el perteneciente al Parque del Emir Mohamed I. La muralla pudo alcanzar unos 15 metros de altura y estaba jalonada por torres de planta cuadrada; también contaba con varias puertas de acceso: puerta de la Sagra, puerta de la Vega, puerta de la Almudena o de Santa María. En el siglo X fue restaurada por Abd al-Raḥmān III.
En el recinto intramuros se ubicaron los elementos propios de una madina, como la mezquita mayor, diversos zocos, la alhóndiga o los baños. La mezquita mayor o aljama congregaba a la población para la oración y el sermón del viernes (khotba), pero también cumplía otras funciones además de la religiosa: se realizaban anuncios sobre materias fiscales, militares o religiosas; el cadí impartía justicia y los ulemas discutían y transmitían su saber acerca de cuestiones religiosas. A finales de 1086, al año siguiente de la capitulación de la taifa de Toledo, Alfonso VI convirtió la mezquita mayor en la iglesia de Santa María. Aunque en el año 1998 se documentaron restos de la iglesia de origen medieval en la calle de la Almudena, no ha sido posible documentar vestigios relativos a la fase andalusí.
Maŷrīṭ tenía distintas formas para abastecerse de agua, entre ellas, un sistema de captación de agua mediante qanāts o «viajes de agua». En la villa se han documentado arqueológicamente dos tramos ̶ quizás del mismo qanāt ̶ en la plaza de los Carros y en la calle de la Cava Baja, 30. También bajo la capilla del Obispo en la parroquia de San Andrés se han localizado los posibles restos de un segundo qanāt. Estos canales servían para la captación de aguas subterráneas, concretamente de las capas freáticas, y su posterior distribución en el núcleo poblacional. La recogida se producía en un punto lejano de la ciudad, mucho más elevado, a través de pozos; luego se distribuía por una serie de canales que se ramificaban en la ciudad.
También se han documentado una serie de silos-basureros que han sido interpretados como lugares para el almacenaje de los excedentes de la cosecha, principalmente de cereal. Al perder esta función original, los silos sirvieron, posteriormente, como lugar de depósito de los desechos domésticos. Suelen estar caracterizados por una planta circular y estarían cubiertos por tapaderas de piedra o madera. La mayoría de las estructuras arqueológicas documentadas se localizan en el suelo y responden a cronologías tanto de fase andalusí como de etapas posteriores a la conquista castellana.
Fuera del recinto murario se emplazó el cementerio o maqbara, próxima a la actual plaza de Puerta de Moros. Durante las excavaciones arqueológicas en el número 68 de la calle Toledo, se documentaron 43 enterramientos, todos ellos pertenecientes a esta maqbara. Se han distinguido hasta cuatro fases cronológicas diferentes en función de la tipología. La más común es la fosa de inhumación estrecha para individuos adultos. Algunas han aparecido con restos de forrado en las paredes o cajas de madera y clavos de hierro.
Tras la fragmentación de la administración andalusí en diferentes reinos de taifas, Maŷrīṭ pasó a formar parte de la taifa de Toledo, cuya capitulación dio lugar a la continuidad de la ciudad bajo la administración castellana. En este periodo se amplió el recinto amurallado en otras 35 hectáreas más, con el fin de reforzar el carácter defensivo ante el peligro de incursiones de tropas almorávides. A principios del siglo XIII se incorporaron torres albarranas. Este nuevo recinto incluía los arrabales que se habían desarrollado fuera del primer perímetro andalusí y contaba con cuatro puertas: puerta de Moros, puerta Cerrada, puerta de Guadalajara y puerta de Valnadú.
Tras la toma castellana, un grupo reducido de musulmanes, ahora denominados mudéjares, siguieron viviendo en la ciudad bajo dominio cristiano. Con el tiempo, esa comunidad se fue reforzando con nuevos miembros procedentes de otros enclaves andalusíes y otras zonas de la Corona de Castilla, hasta llegar a constituir una aljama —una comunidad organizada jurídicamente con una estructura propia de representación interna y relaciones externas— en torno a los siglos XIII-XIV, hasta el siglo XVI. La aljama mudéjar de Madrid, aunque minoritaria, llegó a ser una de las de mayor tamaño de la Corona de Castilla, con presencia en barrios como la Morería Vieja, Morería Nueva y otras zonas de la Villa.
En la actualidad los vestigios del Maŷrīṭ islámico han quedado ocultos por las trasformaciones posteriores en la ciudad; aunque algunos elementos de carácter arqueológico pueden verse todavía in situ y en las salas que el Museo de San Isidro dedica al Madrid medieval desde su fundación.
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