Cuando los andalusíes hablaban romance. Entrevista a Pablo Sánchez

Autor del artículo: Daniel Gil-Benumeya (CEMI)

Fecha de publicación del artículo: 16/06/2020

Año de la publicación: 2020

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Al-Ándalus se asocia generalmente con la lengua árabe, que fue la lengua en la que se expresó su administración, la que aparece en su epigrafía y en la que se redactó su literatura, sus crónicas históricas y sus obras científicas. Sin embargo, no fue la única lengua hablada. Durante varios siglos, los andalusíes hablaron también una lengua vernácula de origen romance, común a cristianos, musulmanes y judíos, que fue superada lentamente por el árabe hasta que desapareció a mediados del siglo XIII. Fue redescubierta en el siglo XIX y en 1948 el hebraísta Samuel Miklos Stern publicó las primeras poesías escritas en esta lengua, que fueron, a su vez, las primeras poesías escritas en cualquier lengua romance. Hablamos con Pablo Sánchez, editor de la web www.romandalusi.com, que trabaja en el estudio, reconstrucción y difusión de esta lengua.

¿Qué es el romance andalusí? Son términos que a muchas personas les pueden sonar contradictorios.

Es la lengua romance que se hablaba en Al-Ándalus. Así de sencillo. El latín de la época visigoda siguió evolucionando en la península, tanto en los reinos cristianos como en Al-Ándalus. De hecho, el romance andalusí se terminó de formar un siglo después de la conquista islámica. Al comienzo fue la lengua común de todos los andalusíes, ya que el árabe era solo la lengua administrativa. Se fue perdiendo a medida que el árabe ganaba terreno en la sociedad hasta desaparecer definitivamente con los almohades.

¿El romance andalusí es la lengua que muchas veces se designa con el nombre de mozárabe? Sin embargo, tú no la llamas así. ¿Por qué?

Francisco Javier Simonet la bautizó así a finales del siglo XIX, pero ese nombre responde a un prejuicio infundado. Simonet fue un ilustrísimo pensador y sentó las bases de todo lo que sabemos de esta lengua, pero no dejaba de ser un hombre de su tiempo y estaba contaminado por el nacionalismo. Estaba convencido de que la raza hispánica (y, por tanto, cristiana) resistió al islam y que el romance andalusí era lo que hablaban estos cristianos mozárabes. Es más, declaró que la lengua mozárabe era una modalidad de la castellana en territorio andalusí. Aquí se ve cómo la ideología puede más que la evidencia, porque estas dos lenguas ni siquiera están directamente emparentadas. Difícilmente un vocablo «mozárabe» puede pasar por castellano en cualquiera de sus modalidades.

Por otra parte, ni una sola palabra escrita en esta lengua proviene de un cristiano, que sepamos. Los dos principales escritores fueron el rabino Yehuda Halevi y el musulmán Ibn Quzmán. Fue, en definitiva, la lengua de todos los andalusíes, desde el mendigo de la calle hasta el mismísimo califa.

Los dos principales escritores fueron el rabino Yehuda Halevi y el musulmán Ibn Quzmán. Fue la lengua de todos los andalusíes, desde el mendigo de la calle hasta el mismísimo califa.

¿A qué sonaría hoy el romance andalusí? ¿Sería inteligible para un castellanohablante, o se aproximaría más a otras lenguas romances?

El andalusí se separó del grupo de los romances occidentales muy pronto y por eso no le llegaron muchas evoluciones de las lenguas de Francia, España y Portugal. Cuando los francos y visigodos «del norte» empezaron a pronunciar diferente algunos sonidos, los visigodos del sur siguieron pronunciándolos como siempre. Por eso, al oído nos sonaría mucho más parecido al italiano y al rumano que al castellano, catalán o gallego. Tenía consonantes dobles y, por ejemplo, cinco y cenar se pronunciaban chinco y chenar. También tuvo una influencia enorme del árabe, no solo en el vocabulario, también en la forma de estructurar la frase o incluso en la manera de formar las palabras. Supongo que si hoy nos podemos entender más o menos con un italiano, sería más fácil entender a un andalusí, aunque la verdad es que nos sonaría muy exótico.

Dices que se extinguió a mediados del siglo XIII. Eso quiere decir que existió en mayor o menor medida durante la mayor parte de la historia de Al-Ándalus, salvo en la etapa final, cuando ya solo queda el Reino de Granada. ¿Cómo pudo durar tanto tiempo en una sociedad fuertemente arabizada e islamizada? ¿Y por qué no existió hasta el final?

Realmente, la instauración del califato supuso el comienzo de la decadencia de esa lengua. Y eso que está documentado que Abderramán III la hablaba (como todos los andalusíes, por otra parte). La islamización cultural fue relegando la lengua romance poco a poco, pero inexorablemente. El prestigio social lo tenía el árabe y hablar romance terminó siendo sinónimo de bajo estatus. Los almorávides y, sobre todo, los almohades fueron muy intolerantes con la lengua y con ellos terminó por extinguirse. No fue la conquista cristiana la que hizo que la lengua fuera desapareciendo. La culpa hay que buscarla en la propia Al-Ándalus. Eso sí, duró más que cualquier otra lengua romance en territorio islámico. Por ejemplo, apenas sabemos nada del romance africano. El haber sobrevivido tanto tiempo hizo que hoy la podamos conocer.

Hay estudios que afirman que parte de los bereberes que entraron en la Península con la conquista islámica podían haber sido hablantes nativos de latín vulgar norteafricano, o al menos conocerlo lo suficiente como para comunicarse con la población hispanovisigoda. ¿Pudo influir esto de alguna manera en el romance andalusí, tanto en su mantenimiento como en sus características?

Lo cierto es que en el siglo VIII no podríamos hablar aún de romance. Lo que se hablaba ya no era latín, pero no se habían diferenciado aún tanto los diferentes dialectos entre sí como para hablar de lenguas diferentes. Para eso aún faltaría mínimo otro siglo, quizá algo más. Por eso, un norteafricano podría comunicarse bien con un hispano, pero seguramente también con un galo, un italiano o un germano. Sabemos que el romance andalusí no se puede englobar dentro de los iberorromances (castellano, gallego, portugués y astur-leonés) ni en los occitanorromances (catalán, aragonés y aranés). Digamos que iba por libre y por eso se ha especulado si pertenecía a la familia del afrorromance. Por lo poco que se sabe del habla de la actual Túnez y Argelia, el romance africano se asemejaba más al sardo que al andalusí, al menos en esa zona. Quizá en el habla del actual Marruecos se pareciera más al que se hablaba en Hispania, pero no lo sabemos.

Los datos que tenemos del romance andalusí se conservan gracias a su inclusión en el registro culto y escrito, ¿es así? ¿Puedes ponernos algunos ejemplos? ¿Cómo se escribía el romance andalusí?

Las jarchas eran un par de versos escritos de manera vulgar con la que terminaban una obra de registro culto. Generalmente usaban el árabe andalusí, pero por suerte a veces también el romance. Por eso mismo lo que conocemos es el registro más vulgar. Sabemos incluso algún taco que escribieron en las jarchas. Lo que se ha documentado está casi todo en alifato árabe, algo menos en el alefato hebreo y muy poquito en latino. En éste último se escribieron palabras sueltas creyendo que era latín. No hubo una ortografía propiamente dicha, pero sí ciertas pautas. Por ejemplo, las consonantes que no existen en árabe se «crearon» haciendo dobles los sonidos más parecidos en árabe. Así, la P era una B doble en alifato. Las E y la O se hacían como A larga y U larga. Pero, como digo, no siempre nos lo ponían tan fácil y aunque había ciertas tendencias escribiendo, no había una ortografía fijada como tal.

¿Cómo se explica esa inclusión en el registro culto, e incluso el hecho de que la utilizaran en sus composiciones califas y reyes, teniendo en cuenta que se trataba de una lengua popular sin demasiado prestigio frente al árabe?

Precisamente por la propia naturaleza de las moaxajas que, como comentaba antes, se finalizaban con unos versos vulgares. Y claro, para los andalusíes no había nada más vulgar que su lengua romance. La única palabra romance que dejaron escrita por boca de Abderramán III fue culo (rimando el árabe qul, «di»). De todos modos no todo el vocabulario que conocemos es de este tipo. También conocemos bastantes términos técnicos gracias a los glosarios. Por ejemplo, en los compendios médicos y botánicos incluían las palabras en romance porque, al fin y al cabo, era también su lengua. Otra parte importante de vocabulario la tenemos por todos los romancismos que el árabe andalusí incorporó.

Realmente, la instauración del califato supuso el comienzo de la decadencia de esa lengua. Y eso que está documentado que Abderramán III la hablaba (como todos los andalusíes, por otra parte). La islamización cultural fue relegando la lengua romance poco a poco, pero inexorablemente. El prestigio social lo tenía el árabe y hablar romance terminó siendo sinónimo de bajo estatus. Los almorávides y, sobre todo, los almohades fueron muy intolerantes con la lengua y con ellos terminó por extinguirse. No fue la conquista cristiana la que hizo que la lengua fuera desapareciendo. La culpa hay que buscarla en la propia Al-Ándalus. Eso sí, duró más que cualquier otra lengua romance en territorio islámico. Por ejemplo, apenas sabemos nada del romance africano. El haber sobrevivido tanto tiempo hizo que hoy la podamos conocer.

Hay estudios que afirman que parte de los bereberes que entraron en la Península con la conquista islámica podían haber sido hablantes nativos de latín vulgar norteafricano, o al menos conocerlo lo suficiente como para comunicarse con la población hispanovisigoda. ¿Pudo influir esto de alguna manera en el romance andalusí, tanto en su mantenimiento como en sus características?

Lo cierto es que en el siglo VIII no podríamos hablar aún de romance. Lo que se hablaba ya no era latín, pero no se habían diferenciado aún tanto los diferentes dialectos entre sí como para hablar de lenguas diferentes. Para eso aún faltaría mínimo otro siglo, quizá algo más. Por eso, un norteafricano podría comunicarse bien con un hispano, pero seguramente también con un galo, un italiano o un germano. Sabemos que el romance andalusí no se puede englobar dentro de los iberorromances (castellano, gallego, portugués y astur-leonés) ni en los occitanorromances (catalán, aragonés y aranés). Digamos que iba por libre y por eso se ha especulado si pertenecía a la familia del afrorromance. Por lo poco que se sabe del habla de la actual Túnez y Argelia, el romance africano se asemejaba más al sardo que al andalusí, al menos en esa zona. Quizá en el habla del actual Marruecos se pareciera más al que se hablaba en Hispania, pero no lo sabemos.

Los datos que tenemos del romance andalusí se conservan gracias a su inclusión en el registro culto y escrito, ¿es así? ¿Puedes ponernos algunos ejemplos? ¿Cómo se escribía el romance andalusí?

Las jarchas eran un par de versos escritos de manera vulgar con la que terminaban una obra de registro culto. Generalmente usaban el árabe andalusí, pero por suerte a veces también el romance. Por eso mismo lo que conocemos es el registro más vulgar. Sabemos incluso algún taco que escribieron en las jarchas. Lo que se ha documentado está casi todo en alifato árabe, algo menos en el alefato hebreo y muy poquito en latino. En éste último se escribieron palabras sueltas creyendo que era latín. No hubo una ortografía propiamente dicha, pero sí ciertas pautas. Por ejemplo, las consonantes que no existen en árabe se «crearon» haciendo dobles los sonidos más parecidos en árabe. Así, la P era una B doble en alifato. Las E y la O se hacían como A larga y U larga. Pero, como digo, no siempre nos lo ponían tan fácil y aunque había ciertas tendencias escribiendo, no había una ortografía fijada como tal.

Dices en tu web que la lengua se ha estudiado hasta su completa reconstrucción. ¿Cómo puede estar tan completa? ¿Cuáles son las fuentes para su estudio?

El romance andalusí está bien documentado pero tiene poderosas lagunas. Gracias a la comparación con el resto de romances alto-medievales podemos tener una idea de cómo pudo ser aquello que se ha perdido. También yéndonos al latín vulgar y «haciéndolo evolucionar» como sabemos que lo hizo en los documentos que sí tenemos. Imaginemos que el castellano solo se conociera por algo más de cien versos, por los préstamos a otras lenguas y por las palabras recogidas en glosarios científicos. Podríamos reconstruirlo, pero toda la riqueza y complejidad de la lengua sería imposible de imaginar. Es lo que tenemos con el romance andalusí. Podemos hacer un retrato robot de la lengua, una línea general de lo que fue, pero hasta ahí podemos llegar. Si lo comparáramos con un cuadro, la reconstrucción sería tener el boceto. Ahora bien, el cuadro verdaderamente acabado, con todos sus colores, detalles y matices, es lo que no podemos conseguir.

¿Cómo explicas que los ejemplos de lírica romance más antiguos que se conservan estén en esta lengua, que ocupaba un estatus totalmente secundario respecto al árabe? En principio, cabría pensar que otras lenguas romances estarían mejor situadas para haber entrado antes en el registro escrito, como el occitano de los trovadores…

Es una verdadera paradoja. No son los primeros textos romances, pero sí los primeros poemas. No hay una explicación, simplemente ocurrió así. Para ser justos, se conserva un poema llamado «tormida femina» del año 900 en protooccitano. No es romance del todo pero tampoco es ya latín, así que el mérito está compartido.

Estás traduciendo El Principito. ¿Por qué elegir como escaparate del romance andalusí una obra tan alejada de al-Ándalus? Cuéntanos cómo lo llevas.

Es muy difícil porque hay muchas palabras completamente ajenas a la realidad andalusí. Desde tecnicismos como avión o motor hasta nombres de lugar como Arizona y Turquía. Estoy tratando de incluir el mínimo número de palabras reconstruidas, aunque a veces no tengo más remedio porque un vocabulario tan común como sonreír, despertar, tampoco bostezar no se han documentado. Aunque no llega a las 50 páginas, es muy lento de realizar ya que no es una traducción como tal ni yo soy «bilingüe». Lo estoy escribiendo en el alfabeto latino tal y como lo usaban los andalusíes cuando necesitaban darle valor fonético (por ejemplo, en las trascripciones del árabe al latín). Cuando lo termine así, lo aljamiaré en árabe y hebreo, ya que era su verdadera forma de escritura pero claro, me llevará mucho más tiempo. Eso sí, el principito será la primera pero no la última obra que se escriba en romance andalusí.

Los ejemplos conservados están entreverados con la lengua árabe coloquial que se hablaba en Al-Ándalus. Es decir, da la impresión de que el uso real del romance andalusí —si es que los ejemplos literarios reflejan un uso real— se daba en una especie de hibridación entre árabe y romance, algo similar a lo que hoy ocurre con el spanglish,por poner el ejemplo más conocido. ¿Es así?

Sí y no. Hay bastante vocabulario híbrido de raíz árabe y sufijos romances. Son palabras que debieron compartir ambos idiomas y es más parecido a nuestra idea del spanglish como fusión de dos idiomas. Por otra parte, lo que encontramos en las jarchas son saltos continuos de una lengua a otra, que es lo que esperaríamos de cualquier sociedad bilingüe. Supongo que nadie hablaría todo el tiempo ni árabe ni romance, sino que incorporarían palabras o frases de uno u otro idioma continuamente. También es cierto que, al ser poemas, tienen que adaptarse a una rima y métrica precisa, por lo que a veces saltarían al árabe para que les cuadrara el verso. Por ejemplo en el verso nis si kerad non me kered garriri kilma («ni siquiera me quiere decir una palabra»), kilma seguramente les viniera mejor que palabra a nivel de métrica y rima.

Muchos de los arabismos que tenemos hoy en castellano son, propiamente dichos, romandalusismos. Por ejemplo, rebaño proviene del árabe andalusí ribh, pero el sufijo -año es romandalusí.

¿La reconstrucción que usas por ejemplo en El Principito tiene en cuenta esto, o pretende aislar los elementos propiamente romances del árabe?

Sí, de hecho hay muchas palabras que conocemos solo en estas formas mixtas árabe-romance y otras son arabismos que sabemos que el romance adaptó. El romance andalusí no tenía registro culto, así que esas carencias en su vocabulario las suplían recurriendo al latín o al propio árabe. La palabra firmamento está documentada como palabra árabe romanceada al colocarle una vocal final (al-falaki). Los saludos también sabemos que se realizaban en árabe. Buenos días era un calco de la fórmula árabe (assabah bonu) y el arabismo zalema también nos hace pensar que hola era assalám romanceado. Por eso, es imposible separar el romance del árabe. Estaban íntimamente relacionados. Incluso aunque solo utilizara palabras de origen latino, a veces la morfología o la estructura de la frase es un calco del árabe. Por tanto, ni aun queriendo podría usar un romance… llamémoslo «puro».

¿Qué pasó con el romance andalusí en los territorios conquistados por los reinos cristianos? ¿Pervivió de alguna manera su uso? ¿Influyó en las lenguas romances de los conquistadores y repobladores?

El romance andalusí dejó un buen puñado de préstamos en el resto de lenguas hermanas. Muchos de los arabismos que tenemos hoy en castellano son, propiamente dichos, romandalusismos. Por ejemplo, rebaño proviene del árabe andalusí ribh, pero el sufijo -año es romandalusí. Por eso sabemos que no es un arabismo directo sino que pasó primero por la lengua romance de Al-Ándalus. En la morfología se ve cómo pasaron antes por el romance andalusí y de ahí a las lenguas ibéricas. Por otro lado es muy interesante que algunas palabras entraran como eufemismos. Mi favorita sin duda es chocho, que en romance andalusí significaba salado.

¿Cómo podríamos cerrar esta entrevista en romance andalusí?

Con unas palabras de agradecimiento en esa preciosa lengua (os lo escribo como los andalusíes usaban el alfabeto latino): gratzias ad totos vosotres por kereri kallari unu paukellu esta liekua bonella ed láitani sceiad de vostru estimari (gracias a todos vosotros porquerer conocer un poquito de esta bonita lengua y ojalá os guste).